Villahermosa Tabasco, México a 23 de septiembre de 2026
Pásele mi amor, ¿qué va a llevar?, el trato de comerciantes para vender
04 de julio de 2026
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17:14
Miguel Pérez / Quadratín Tabasco
Miguel Pérez / Quadratín Tabasco
VILLAHERMOSA, Tab., 4 de julio de 2026.- En las zonas comerciales del centro de Villahermosa el ruido nunca para. Entre los pasillos del Tianguis Campesino Jesús Taracena y las banquetas de la calle José María Pino Suárez, decenas de mujeres trabajan todos los días para llevar el sustento a sus casas. En estos lugares llenos de competencia, no basta con poner los productos a la vista; hay que saber ganarse a la gente.
Por eso, las vendedoras han compartido que la mejor herramienta que tienen es el lenguaje: hablar con cariño y dar un trato atento. Una costumbre que se pasa de generación en generación para asegurar el ingreso diario.
Una herencia para ganarse el centavo
Para Úrsula Gutiérrez Mendoza, de 68 años, hablarle bonito a la gente es algo natural. Lleva 60 años trabajando en el Tianguis Jesús Taracena y aprendió todo de su madre desde que tenía ocho años. Recuerda que su mamá ofrecía sus productos con mucha educación y la gente siempre le compraba. Ahora, ella repite esa misma escuela todos los días al ofrecer sus frutas y verduras: “¿Qué le damos?, pásele marchante, sí hay, sí hay, ¿qué va a llevar mi amor, qué le damos? Sí hay mi vida, pásele, pásele”.
Doña Úrsula explica que la amabilidad atrae de inmediato a los compradores, volviéndose un intercambio donde todos ganan.
“Ellos compran un amor y nosotros entregamos con amor la mercancía”, platica doña Úrsula, quien asegura que al escuchar estas palabras los clientes reaccionan rápido: “Sí, mamita, dame tal cosa. Ya agarramos y se lo damos”. Para ella, mantener este trato es vital: “Tengo que tener esa amabilidad para que yo también tenga mi centavo, para mí comer”.
"Pásele marchante, qué le damos, si hay"
Son las freses cotidianas que utiliza Úrsula Gutiérrez Mendoza, comerciante, desde hace 68 años en el Tianguis Jesús Taracena, para atraer a sus clientes. Señala que el trato es lo que cuenta. pic.twitter.com/SqpUuN9pLp
A unos diez metros de distancia, Berta Martínez aplica la misma fórmula. Describe su estilo como un trato amoroso de madre que aprendió por su propia cuenta. Para doña Berta, ser cariñosa con la gente es la única forma que tienen los locatarios establecidos para defenderse de la competencia directa de los vendedores ambulantes.
“Uno les ofrece: papi, ¿qué vas a llevar? ¿Vas a llevar tu chayote, calabaza? Es lo que uno le dice para que lo lleven, y como lo estás tratando bien, regresa. Pero si lo voy a tratar mal, ni te voltean a ver y se van”, afirma doña Berta, convencida de que el secreto está en cómo se siente el cliente.
La comerciante de frutas, Berta Martínez expone que en el Tianguis Campesino Jesús Taracena el trato personalizado y afectuoso es indispensable para retener a los compradores frente a la competencia del comercio informal. pic.twitter.com/QeFHLiIsbS
El buen trato cambia según la comerciante. Carmen Casanova Arias tiene 37 años vendiendo fruta fresca como piña, melón, sandía y papaya. Ella cuenta que no utiliza tantas palabras, sino que prefiere ganarse a las personas con una sonrisa, mucha alegría y dándoles la mejor fruta del mercado. Su puesto es tan conocido por la calidad que incluso tiene un reconocimiento oficial.
Mientras sus hijos atienden a los clientes que van pasando, doña Carmen compite cara a cara con la tecnología. Justo enfrente de su puesto, cuatro mujeres instalaron una bocina donde se escucha la voz monótona de una grabación que invita a comprar, repitiendo siempre lo mismo y sin ninguna gracia.
Con 37 años de experiencia, Carmen Casanova Arias apuesta por la alegría y la calidad de sus productos para mantener sus ventas en el Tianguis Jesús Taracena. A diferencia de comercios que utilizan bocinas, la comerciante prioriza el trato directo y humano. pic.twitter.com/6dTfTbyKzx
Doña Carmen prefiere el contacto humano: “Yo le doy lo mejor al cliente. Escojo la piña. Que esté grande y a buen precio. Yo soy alegre. Trato a mis clientes bien para que regresen. Y por eso yo tengo mucha venta”. Al que se acerca, ella le cumple la palabra: “te voy a dar lo mejor”.
Esforzarse en las banquetas de la calle
Cuando se sale de las naves techadas del mercado y se camina por la calle José María Pino Suárez, la necesidad de llamar la atención es más fuerte. En la banqueta hay decenas de puestos informales donde, si se quiere vender, hay que levantar la voz con fuerza y ser muy amables. En ese punto trabaja Alondra Pedraza Hernández, una comerciante joven que vende sentada sobre una cubeta al lado de la carriola de su bebé. Sus productos están acomodados ordenadamente sobre bolsas negras en el suelo.
“¿Qué va a llevar mi amor, qué va a llevar?”
pregunta a diario Alondra Pedraza Hernández, quien vende desde hace 10 años en la vía pública sobre la calle Pino Suárez; explica que aumentar la intensidad de los gritos incentiva la aglomeración de clientes. pic.twitter.com/YbLOKzrQIB
Aunque es joven, Alondra lleva ya 10 años vendiendo en la calle y platica que todo lo aprendió escuchando y observando a las vendedoras con más experiencia de la zona. “Yo le digo: qué va a llevar mi amor, qué va a llevar, qué le damos”, comenta. Explica que el entusiasmo se contagia: “Esto motiva a los clientes y se acercan. Cuando hay gente, empezamos a gritar más y la gente se amontona para venir a ver qué ofrecemos. Escuchando a los demás, aquí se aprende de todo”.
Los celos y malentendidos del oficio
Sin embargo, hablarle con tanto cariño a desconocidos a veces trae problemas con las parejas de los compradores. Manuela Falcón Falcón, conocida por sus compañeros como La Güera, atiende un puesto de hojas de plátano, manteca, chipilín y cebollín. Con su mandil amarillo y un vestido rojo, platica que las palabras cariñosas que usa para trabajar se pueden malinterpretar. Cuenta que la esposa de un cliente la mira muy mal cada vez que pasa por el lugar.
“A veces usamos palabras así y se ponen ellos a pensar que es otra cosa, cuando van con las mujeres, pero no es eso. Hablamos con amor para que nos compren ellos y sí nos compran”, detalla doña Manuela.
Manuela Falcón, comerciante de hojas de plátano, señala que el uso de frases amables para asegurar las ventas a veces es malinterpretado por las parejas de las compradoras. Aclara que las expresiones constituyen una estrategia de trabajo y no una falta de respeto. pic.twitter.com/2DCtbZHiEm