Los animales que también lucharon por la Independencia de México
VILLAHERMOSA. Tab., 20 de abril de 2026.- Una canción de Margarita, la diosa de la cumbia, salía de los parlantes del mercado José María Pino Suárez, el día en que con los ojos cerrados, Aidé García solo pudo ver en la oscuridad de sus párpados cerrados, sus preocupaciones económicas.
Y quizá no supo por qué, la cantante colombo mexicana, fue también su impulso para empezar a cantar y que desde entonces y hasta ahora, la imagen y voz de Aída, fueran una sola con el emblemático establecimiento de la ciudad.
En la esquina donde convergen la avenida José María Pino Suárez y la calle Bastar Zozoya, el bullicio del mercado más emblemático de Villahermosa se avanza por debajo de una voz que parece brotar de otra época. Ahí, rodeada de transeúntes, Aidé García conserva el glamour bajo un vestido rojo vibrante y una diadema a juego. Sus ojos almendrados, delineados con precisión del mismo color, observan una ciudad que hace cuatro años le cerró las puertas y que hoy, paradójicamente, la ha convertido en su símbolo.
Llegar a esa esquina no fue una elección, sino un acto de supervivencia. Hace seis años, un accidente —del que no puede hablar sin que las lágrimas le surquen el rostro— partió su vida en dos. "Si me cuesta trabajito hablar de eso, pero decidí aprender lo mejor", dice con la voz entrecortada al recordar aquel 13 de julio. Tras una larga estancia en el Hospital Rovirosa y una operación que nunca llegó tras la pandemia, Aidé quedó con secuelas permanentes en sus piernas y un brazo.

El golpe final no fue físico, sino laboral. Al intentar reintegrarse a la vida productiva en una empresa de telefonía, fue despedida de manera discriminatoria. “Me dijeron que hasta ese día porque era discapacitada”, relata. Ese mismo día, con la incertidumbre del pago de la renta y sin liquidación, subió como pudo las escaleras del mercado. Ahí fue donde escuchó a Margarita.
Antes de ser cantante urbana, Aidé fue profesional. Desde los 19 años recorrió escenarios con grupos tropicales como Karamelo Show, El Conde y sus Teclados, y El Eclipse. Mismos que abandonó al formalizar una familia. Pero la necesidad tras el accidente, la devolvió a su origen de una forma distinta.
“Después de que te ven en un escenario, de pie, y que luego te vean en una silla, la gente empieza con el pobrecita. A mí me choca esa palabra; yo aprendí una forma de vida diferente”, sentencia con firmeza.
Su inicio en el mercado fue difícil. Sin permiso oficial, se enfrentó varias veces a las autoridades hasta que un administrador le otorgó la anuencia para permanecer en su puesto actual. Aunque en el centro de la ciudad suelen retirarla, en el Pino Suárez ha encontrado su refugio y su público. "Aprendí de la naturaleza. Una vez quise taparle el camino al agua, pero el agua buscó por dónde salir y regresó al caudal. Así entendí que puedes vivir de otra manera y seguir siendo tú", reflexiona.

Hoy, Aidé es considerada por muchos como el alma del mercado, aunque su día a día dista de ser sencillo. De 8 a 13 horas, su voz es su único sustento. Desmiente con carácter las versiones que sugieren que recibe apoyo gubernamental o que finge su condición. “A mí no me paga el gobierno, yo dependo de mi voz y de lo que gano aquí”, aclara, señalando que gran parte de sus ingresos se destinan a medicamentos y consultas para tratar los dolores persistentes que aún siente en sus piernas.
A pesar de las secuelas y de los días en que el dolor parece fracturarle el cuerpo nuevamente, Aidé García no se detiene. Ha cambiado los grandes escenarios por una esquina concurrida, pero el impacto es el mismo. Entre el aroma a copal y el ruido del tráfico, ella sigue ahí, demostrando que aunque el camino cambie, la esencia de una artista permanece intacta en el aire de Villahermosa.




