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VILLAHERMOSA, Tab., 2 de agosto de 2026.- Para diciembre de 2029 faltan más de mil 200 días, una cuenta regresiva que para Karla Paola Santander Frías no representa una espera, sino la culminación de un anhelo sembrado en la infancia. La ingeniera industrial de 33 años se encuentra actualmente en el sitio 42 a escala internacional –entre más de 14 mil aspirantes– y dentro de los diez finalistas nacionales para convertirse en la primera tabasqueña y representante del sureste mexicano en viajar al espacio exterior a bordo de la misión Unity de SERA Space (Agencia de Exploración e Investigación Espacialy) y la empresa Blue Origin, las cuales buscan llevar a civiles al espacio con el fin de democratizar los viajes espaciales.
Sin embargo, detrás de las simulaciones extremas, las certificaciones y los rigurosos procesos de selección que la han llevado a evolucionar de la ingeniería a ser astronauta análoga, la chispa que encendió esta vocación no nació en un laboratorio ni en una agencia aeroespacial, sino en la calidez del hogar.

“El primer recuerdo que tengo del espacio es con mi abuela, viendo documentales. Creo que eso fue una de las cosas que alentó esta vocación. Aparte de que veíamos otro tipo de temas en la televisión”, comparte Karla en entrevista para Quadratín Tabasco. Karla actualmente es astronauta análoga, que a diferencia de los astronautas que llegan a orbitar en el espacio, los análogos realizan simulaciones en tierra.
La científica fue criada en un entorno marcadamente académico, donde tanto su madre como su abuela cursan y concluyen estudios de posgrado. La científica creció naturalizando la curiosidad, el hábito del estudio y el rigor intelectual como una forma cotidiana de habitar el mundo.
Esa misma curiosidad la llevó a construir una trayectoria sólida que hoy la posiciona como la única candidata del sureste del país respaldada por proyectos presentados ante la Secretaría de la Defensa Nacional en la base de Santa Lucía.

Con siete años de carrera en el sector espacial, iniciados en la recta final de sus estudios universitarios, Karla dio el salto internacional tras una destacada participación con la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA). Desde 2022, se desempeña además como Local Lead del International Space Apps Challenge de la NASA, representando a Campeche, impulsando el talento joven en la región.
Entre sus aportaciones más entrañables a esta industria destaca la validación del pozol tabasqueño como alimento viable para tripulaciones espaciales durante una misión de simulación. “Para mí fue darle un conocimiento ancestral al sector espacial. Considero que es nuestro emblema, una manera de dignificar el conocimiento de nuestros antepasados”, reflexiona sobre este proyecto aprobado para futuras investigaciones.

Alejada de la imagen rígida que suele asociarse a la ciencia, Santander se define como una mujer introvertida, apasionada por la lectura y con un contraste fascinante: a la par de su labor técnica, estudia teología del Medio Oriente con énfasis en estudios islámicos. Para ella, la fe y la razón caminan juntas.

“Muchas personas creen que la ciencia no está cerca de Dios, y yo en lo personal creo que la ciencia te acerca más a Dios. No siento conflicto entre ser científica y esa parte religiosa. El ser humano siempre va a necesitar explorar su espiritualidad para complementarse”, afirma.
Fiel creyente de la predestinación, asume con fe cada paso del camino: “Todo lo que me ocurre, tanto bueno como malo, está dictaminado por Dios. Yo tomo con mucha fe todo lo que llega a ocurrir, y si es su voluntad, llegaré al espacio”.
De concretarse la Misión Unity –pospuesta para 2029 con el fin de llevar a seis ciudadanos de países con poca representación espacial–, Karla Santander podría inscribir su nombre junto a los de Rodolfo Neri Vela y Katya Echazarreta como los únicos mexicanos en cruzar el límite del planeta.

Pero, además, sería la segunda astronauta mexicana en sobrevolar la tierra, solo después del mencionado Neri Vela, ya que Katya fue turista espacial. Por ahora, trabaja de seis a ocho horas diarias convencida de que los astronautas son personas comunes impulsadas por sueños extraordinarios; los mismos que comenzó a cultivar de niña, en un sillón, al lado de su abuela.





