Disminuye el polvo desértico y elimina el escudo natural contra el calor
CENTLA, Tab., 6 de agosto de 2026.- Hace 34 años los Pantanos de Centla, el área de humedales más grande en Norteamérica, con una superficie de 302 mil 706 hectáreas de áreas lacustres cubiertas de vegetación y agua, fue declarada Reserva de la Biosfera por su invaluable riqueza natural.
Esta Área Natural Protegida, que abarca los municipios de Centla, Jonuta y Macuspana, es uno de los sistemas hidrológicos más grandes de México formado por los ríos Grijalva y Usumacinta, y es hogar de una gran diversidad de flora y fauna.
Pantanos de Centla es uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad de América por sus esteros, dunas, marismas, manglares, islas fluviales y espejos de agua donde habita una gran variedad de peces, moluscos, insectos, reptiles y plantas.

Entre su flora y fauna destacan: mangle rojo, negro y blanco; el mono aullador, caimanes e iguanas verdes e, incluso, especies en riesgo como jaguar, ocelote, manatí, halcón peregrino, tortuga blanca y la cigüeña Jabirú, el ave más grande de México.
Con su gran riqueza biológica es reconocida internacionalmente como refugio y zona de reproducción para amplias poblaciones de aves acuáticas migratorias, y es el pulmón de mayor dimensión con cuenta el estado de Tabasco.
El 6 de agosto de 1992 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto del gobierno de México que la declara Área Natural Protegida bajo la categoría de Reserva de la Biosfera.
Cuenta, además, con reconocimiento internacional por parte de la UNESCO a través del programa El Hombre y la Biosfera (MAB) y como sitio Ramsar por ser el humedal más extenso de Mesoamérica.
Pese a su enorme diversidad de flora y fauna, a su gran valor como ecosistema, a los decretos y declaratorias para su reconocimiento, protección y resguardo, hoy los Pantanos de Centla enfrentan –tanto en su conjunto como a las especies que alberga– una amenaza recurrente: los incendios forestales.
Son incendios que se repiten año con año, mes con mes, incluso semana con semana, y dañan sus tulares, popales, manglares y pastizales. Una tragedia que ha sucedido antes y después que fue declarada ANP.
Y sólo hay un responsable de esos siniestros: el hombre.

Un estudio de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) señala que el 70 por ciento de la reserva tiene vegetación seca o inundable baja muy flamable en época de sequía.
Tan sólo en 2026, de la semana 4 a la 31, en la Reserva de la Biosfera se han registrado 20 incendios forestales, que consumieron un total de 3 mil 207.73 hectáreas.
Este registro de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y de la Conanp no incluyó el más reciente incendio, en la comunidad Boca Grande, municipio de Macuspana, dentro del perímetro de ANP que afectó 115 hectáreas de vegetación, con lo cual la cifra siniestrada se eleva a 3 mil 322.73 hectáreas.
Según la Conanp, las causas comunes de estos incendios, son quemas agrícolas mal controladas, altas temperaturas y actividades ilícitas como la caza de especies que habitan en la reserva.

El documento de la Conanp apunta que la reserva está compuesta en un 70 por ciento por popales, tulares y pastizales cultivados, vegetación que es altamente vulnerable a incendios, los denomina: los “combustibles del pantano”, y en menor proporción por manglares y selvas bajas inundables.
Para prevenir los incendios, cuenta con un programa que contempla dentro de sus prioridades la atención de dos periodos críticos: el primero comprende los meses de marzo, abril y mayo, y el segundo julio y agosto.
Señala que los incendios superficiales se presentan en asociaciones de vegetación hidrófita dominadas por Sibal (Cladium jamaicense) y espadaño (Typha dominguensis), que presentan una velocidad de propagación muy rápida, llegando a afectar hasta 80 hectáreas en un día, y su duración llega hasta cinco días.
Cuando el combustible se presenta totalmente seco, los incendios superficiales dan lugar a los incendios subterráneos que afectan macizos arbolados con abundante combustible (manglares, puntéales, tintales, popales, etc.).
Este tipo de incendio es difícil de detectar principalmente durante periodos largos de sequía, debido a que se asocia con la presencia de bruma. Su velocidad de propagación es lenta (dos hectáreas por día), y su duración se relaciona con el periodo de sequía y el tipo de combustible.
Los sitios que han presentado mayor incidencia de incendios, en los cuales ha sido necesario instrumentar acciones de combate, fueron aquellos donde se presentó la quema para la milpa, incendios para la dispersión y captura de tortugas y cocodrilos, “y los intencionales con la finalidad de destruir los pantanos”, puntualiza la Conanp.
Y agrega: “estos últimos son ocasionados por pequeños ganaderos los cuales ven a los pantanos como algo que no representa ninguna utilidad".





