¿Desaparición de Morena?
“En política, las despedidas
suelen anunciarse, cuando
el presente deja de ofrecer
certezas sobre el futuro.”
En política, casi nadie anuncia su retiro cuando atraviesa el mejor momento de su carrera. Por eso sorprendió la declaración del gobernador de Tabasco, Javier May Rodríguez, al asegurar que concluirá su mandato en 2030.
Después abandonará definitivamente la vida pública. La pregunta es inevitable: ¿Es una decisión tomada por convicción o una estrategia para contener el desgaste político que hoy enfrenta?
Javier May llegó al gobierno con uno de los expedientes políticos más sólidos dentro de Morena. Durante décadas fue considerado uno de los cuadros más cercanos y disciplinados del movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador.
Su trayectoria comenzó desde la base.
Entre 1991 y 1994 participó en los llamados Éxodos por la Democracia, encabezados por López Obrador para denunciar presuntos fraudes electorales en Tabasco. Durante el segundo éxodo fue responsable de la logística de la movilización.
De 1995 a 1999 ocupó diversos cargos directivos dentro del PRD en Tabasco.
Entre 2001 y 2003 fue diputado local y presidió la Comisión de Asuntos Electorales.
Fue presidente municipal de Comalcalco en dos ocasiones: de 2007 a 2009 y de 2016 a 2017.
En 2011 participó en la fundación de Morena y, dos años después, se convirtió en su primer dirigente estatal en Tabasco.
En 2018 fue electo senador de la República, aunque solicitó licencia para integrarse al gobierno federal.
Entre 2018 y 2020 se desempeñó como subsecretario de Planeación, Evaluación y Desarrollo Regional de la Secretaría de Bienestar, donde encabezó el arranque del programa Sembrando Vida.
De 2020 a 2022 fue secretario de Bienestar del Gobierno de México, responsable de la operación de los principales programas sociales federales.
Posteriormente dirigió el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) y coordinó el proyecto del Tren Maya, hasta renunciar para buscar la gubernatura de Tabasco, cargo que ocupa desde 2024.
Con semejante currículum, resultó inesperado que anunciara su retiro definitivo de la política al concluir su mandato.
La declaración llegó, además, en uno de los momentos más complicados de su administración.
Primero apareció el video donde fue captado viajando en clase Premier. Después vinieron los cuestionamientos sobre la congruencia entre el discurso de austeridad y ese tipo de decisiones personales. A ello se sumó la polémica por el reloj que portaba, convirtiendo un episodio aparentemente menor en un problema de comunicación política.
May insistió en que no cometió ninguna irregularidad y que actuó dentro de la legalidad. Sin embargo, en política la percepción suele pesar tanto como los hechos.
La propia dirigencia nacional de Morena, por conducto de Ariadna Montiel Reyes, presidenta del partido, le recordó públicamente los principios de austeridad que deben observar los gobernantes del movimiento.
Incluso, con un tono relajado, sugirió rifar el reloj, comentario que provocó sonrisas, pero que reflejó la incomodidad existente dentro del propio partido.
Más allá de esa polémica, el verdadero desafío del gobernador sigue siendo la seguridad.
En su administración han pasado distintos titulares de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, mientras la violencia continúa siendo la principal preocupación de los tabasqueños.
Aunque buena parte del problema tiene raíces anteriores, la ciudadanía termina evaluando al gobierno que hoy ejerce el poder, no al que ya se fue.
A ello se suma la fractura política dentro de Morena.
Al responsabilizar indirectamente a integrantes del gobierno anterior por el fortalecimiento de grupos criminales, abrió un frente de confrontación con uno de los grupos políticos más influyentes del estado.
Esa división ha debilitado la imagen de unidad que durante años fue una de las principales fortalezas del movimiento.
En el terreno económico tampoco han desaparecido las críticas.
Sus opositores consideran que aún no existen resultados suficientes en materia de inversión privada, generación de empleo e industrialización de Tabasco.
Sus simpatizantes responden que la administración todavía no llega a la mitad del sexenio y que varios proyectos estratégicos siguen en desarrollo.
Otro tema que ha generado cuestionamientos es la venta de aproximadamente 16 hectáreas del Parque La Choca por 201 millones de pesos a un empresario que, según diversas publicaciones periodísticas, fue proveedor favorito de Pemex durante la gestión de Octavio Romero Oropeza.
El asunto ha alimentado el debate político y las exigencias de mayor transparencia sobre la operación.
El anuncio de su retiro parece buscar un objetivo claro: cerrar cualquier especulación sobre aspiraciones presidenciales o futuras posiciones dentro del gabinete federal y proyectar la imagen de un servidor público sin ambiciones personales, siguiendo una narrativa similar a la utilizada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Pero en política las palabras nunca son suficientes.
Los gobernantes no son recordados por los cargos que ocuparon ni por los discursos que pronunciaron. Son recordados por los resultados que entregaron.
Y mientras Tabasco continúe atrapado entre la violencia, la división política y las dudas sobre el rumbo de su administración, la verdadera pregunta no será si Javier May se va o no de la política.
La pregunta será si, cuando llegue el 2030, los tabasqueños sentirán que deja un legado digno de recordarse… o simplemente otro sexenio que prometió mucho más de lo que pudo cumplir.
Denuncias y sugerencias: