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VILLAHERMOSA, Tab., 2 de julio de 2026.— El silencio en el interior del templo es casi absoluto, apenas interrumpido por el eco lejano del bullicio del centro de la ciudad. No es un día de mucha afluencia y para la siguiente misa faltan varias horas. Frente al presbiterio, en la primera fila de bancas, un hombre de avanzada edad permanece sentado con los ojos cerrados, como si buscara refugio en la quietud del santuario. Tras varios minutos de inmovilidad, el anciano se levanta y camina lentamente hacia la salida, dejando tras de sí una nave monumental que, a pesar de su imponente belleza de estilo gótico modernizado, grita en silencio por ayuda. La emblemática Parroquia de la Inmaculada Concepción de María, conocida cariñosamente por los tabasqueños como La Conchita, lleva 80 años de haber sido reconstruida, pero que su historia se ve empañada por un deterioro físico que avanza sin tregua.

Una revisión detallada del inmueble revela que las huellas del tiempo no han sido benévolas. La emblemática estructura padece los estragos de las altas temperaturas y la intensa humedad de la región, un desgaste visible desde cualquier ángulo. Uno de los costados del templo presenta una barda completamente caída, reducida a una pila de tierra y ladrillos rotos donde yace una vieja silla de plástico, delimitada apenas por una endeble malla de metal para evitar el paso. Aunque el consejo parroquial realizó recientemente un esfuerzo para resanar y pintar la fachada principal, las afectaciones se extienden con gravedad hacia los laterales y las oficinas de la parroquia. Las paredes exteriores lucen descarapeladas, con el ladrillo expuesto y el concreto fracturado, mientras que en los interiores se observan profundas grietas en las columnas y preocupantes manchas de humedad que trepan por los muros cerca de los altares e imágenes religiosas. En lo alto, los ventanales de color azul que filtran la luz hacia el altar muestran secciones rotas y desprotegidas, mientras que la herrería exterior, las bases de los muros y hasta los escalones y pisos interiores evidencian fracturas en las losetas.

“A Conchita hay que quitarle el vestido viejo y ponerle un vestido viejo”, afirma irónico el párroco Roberto Sánchez Cabrera, es su forma de mandar el mensaje y reflexionar sobre la urgencia de intervenir el edificio respetando su esencia histórica. El sacerdote explica que la humedad y el tiempo han ido dejando una huella que va poco a poco deteriorando el entorno, al grado de que muchas partes del templo se van cayendo solas, afectando también el área donde operan las oficinas administrativas.

El valor de La Conchita va más allá de sus muros; el espacio geográfico que ocupa ha albergado la fe de Villahermosa por más de dos siglos. Sin embargo, el edificio original ya no existe, pues a lo largo de la historia este sitio ha visto levantar y caer alrededor de cinco templos. Los primeros fueron construcciones rudimentarias de guano, seguidos por dos estructuras sencillas, hasta llegar al último templo que fue demolido por el gobernador Tomás Garrido Canabal durante el periodo conocido como la persecución religiosa en Tabasco, relata el padre Roberto. El templo que hoy conocemos fue el fruto de lo que las crónicas locales llamaron la reconquista espiritual de Tabasco hace exactamente ocho décadas. La reconstrucción de la actual estructura de estilo gótico modernizado fue liderada por Salvador Abascal, un líder social y político que junto a un grupo de catequistas hizo posible colocar la primera piedra de este rescate, según recuerda el sacerdote. En su interior, especialmente en el área del presbiterio, la iglesia aún resguarda valiosos recuerdos y reliquias del antiguo templo desaparecido.

Mantener en pie un monumento histórico edificado con los materiales de la época, como el ladrillo tradicional, representa un desafío económico titánico para el que la parroquia no cuenta con fondos suficientes. El dinero no llega fácilmente y, para subsistir y planear reparaciones, el consejo parroquial se apoya en actividades como las kermeses dominicales y, más recientemente, en la oferta de columbarios en una primera etapa del proyecto para el depósito de cenizas de los difuntos, como ha compartido recientemente Quadratín Tabasco. Por ello, el padre Roberto Sánchez Cabrera hace un llamado urgente y abierto a las autoridades de Turismo, a los encargados del programa Barrio Mágico, a los fieles, empresarios, y muy especialmente a los profesionales de la arquitectura y la ingeniería para que aporten su conocimiento en una restauración profunda.

“Ahora Conchita necesita también que no solamente la admiremos, sino que hoy más que nunca ayudemos para que podamos rescatar este monumento histórico. Yo pienso que podemos contribuir, no tanto con dinero, sino que la fe es la que nos mueve a ser generosos y experimentar que si todos unimos nuestras mentes y nuestros corazones, Conchita volverá a tener el brillo que siempre ha tenido”, apeló el párroco. El sacerdote recordó que el templo permanece abierto al público todos los días y que vale la pena sumarse al rescate de este espacio que ha sido el escenario de incontables bautizos, comuniones y bodas de generaciones de familias tabasqueñas. Para quienes deseen asistir a los servicios o conocer el inmueble, se celebran misas diarias a las 7 y a las 19 horas, a excepción de los jueves, que se realiza a las 18:30 horas. Los bautizos se programan los sábados y domingos a las 12 horas, mientras que los sábados se reservan para bodas y quince años. Además, para tranquilidad de los asistentes, el párroco destacó que los domingos el estacionamiento en los alrededores se encuentra completamente libre.
