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CIUDAD DE MÉXICO, 11 de octubre de 2026.- Francisco Garfias, una de las voces emblemáticas del periodismo político mexicano, falleció y dejó una ausencia que sus compañeros describen entre lágrimas, recuerdos de redacción y conversaciones en los pasillos del Congreso. El autor de Arsenal fue corresponsal, entrevistador y columnista, pero conservó siempre el oficio de reportero.
La periodista Ethel Riquelme, quien compartió con él la redacción de Excélsior y la cobertura legislativa, comunicó en un testimonio que su amigo murió la noche del sábado. Su despedida retrata al hombre detrás de la firma: el compañero que enviaba mensajes para animarla, compartía las risas provocadas por las noticias del día y, durante el desayuno, le robaba un trozo de pan o buscaba frituras en su bolsa.
“Pancho, mi vecino en la redacción de Excélsior, un compañerismo lleno de anécdotas, un reportero que el poder legislativo y sus políticos extrañarán”, escribió Riquelme, quien expresó sus condolencias a sus hijos Renata y Panchito, y a su nieta.
La vida de Garfias tuvo estaciones muy distintas antes de asentarse en los corredores del poder. En su texto autobiográfico Mi vida en Excélsior, publicado en marzo de 2017, recordó que llegó a París para cubrir la elección de François Mitterrand en 1981 como corresponsal de Radio Educación. Ganaba alrededor de 400 dólares mensuales y, cuando faltaba dinero, cantaba con su guitarra en las estaciones Châtelet y Hôtel de Ville del Metro parisino.
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