La agenda en red
La crisis del agua en la zona metropolitana de Guadalajara ha hecho saltar por los aires la cuidada narrativa de la autollamada “nueva política” naranja.
La movilización del 11 de octubre de miles de ciudadanos exigiendo agua limpia en sus hogares, terminó con humo de los gases lacrimógenos y la presión de los chorros de agua policiales.
Frente a la indignación social por un servicio deficiente y amenazado por esquemas de privatización, la respuesta del gobierno estatal ha sido el garrote.
En su defensa, el gobernador Pablo Lemus insistió en que la marcha pacífica fue infiltrada por un grupo de choque de 400 provocadores armados con petardos, martillos y tubos, justificando así el despliegue de la fuerza pública.
Sin embargo, sin embargo, la versión oficial se desmorona al escuchar a las familias de las personas arrestadas. En conferencia frente a la fiscalía, los familiares denunciaron abusos, detenciones ilegales, uso excesivo de la fuerza e incomunicación por casi veinte horas. Y desmintieron la presencia de grupos de choque entre los detenidos, exigiendo transparentar las listas ante el temor de posibles desapariciones.
Amnistía Internacional condenó la represión, señalando la gravedad de las violaciones a los derechos humanos. Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum exigió al gobierno de MC aclarar las detenciones, dar a conocer los nombres de los arrestados y explicar el uso de agua y gas lacrimógeno, además de rechazar cualquier esquema financiero que contemple la privatización del agua.
Veamos: aquel partido que se vendió con tenis fosforescentes, canciones pegajosas y un agresivo marketing digital para fingir frescura, terminó utilizando los mismos métodos del viejo régimen priista. Al verse incapaz de resolver las demandas de la población, el gobierno emecista respondió criminalizando la protesta social y tratando a los ciudadanos como enemigos.
A Pablito le salió el gorila. A Movimiento Ciudadano le brotó el talante represor y autoritario propio de cualquier gobierno. Quedó demostrado que no hay nada de nueva política ni de alternativa real frente a los partidos de siempre.
La violenta respuesta policial ha sido un garrafal error político de Lemus. Este tropiezo autoritario le va a pegar con fuerza al partido naranja en Jalisco de cara a las elecciones del próximo año, un desacierto que el oficialismo ya empieza a capitalizar electoralmente.




