Vía libre
El resultado de la votación de los trabajadores del IMSS fue favorable a la exigencia de un aumento del 10 por ciento y contó con el respaldo mayoritario de más de 470 mil trabajadores que acudieron a votar. Me parece que el mensaje de esta acción va mucho más allá del tema salarial. Lo que se manifestó es una demanda de dignidad laboral y de fortalecimiento institucional.
Desde mi punto de vista, hay tres lecturas importantes:
Primera. Los trabajadores del IMSS están recordando que el sistema de salud no funciona solamente con edificios o discursos. Funciona gracias a médicos, enfermeras, camilleros, laboratoristas, personal administrativo y de apoyo. Cuando un trabajador siente que su esfuerzo no es reconocido, la calidad del servicio inevitablemente se resiente.
Segunda. El aumento salarial por sí solo no resolverá los problemas de fondo. Es importante señalar un aspecto fundamental: los trabajadores no solamente están pidiendo más ingreso, también exigen herramientas para trabajar. De poco sirve tener personal comprometido si faltan medicamentos, material de curación, equipos médicos o mantenimiento en hospitales y clínicas.
Tercera. Esto coloca una responsabilidad adicional sobre el gobierno federal. Si existe una voluntad real de consolidar el sistema IMSS-Bienestar y fortalecer al Seguro Social, debe acompañar el reconocimiento salarial con inversión en infraestructura, equipamiento y abasto de medicamentos. La salud pública no puede sostenerse únicamente sobre el esfuerzo y la buena voluntad de los trabajadores.
Hay, además, un aspecto social que me parece muy relevante. Durante años, muchos ciudadanos han dirigido su enojo contra médicos y enfermeras cuando no reciben una atención adecuada. Sin embargo, gran parte de los problemas provienen de deficiencias estructurales: saturación, falta de personal, escasez de insumos y presupuestos insuficientes. Esta votación pone nuevamente sobre la mesa esa realidad.
Lo ocurrido el miércoles entre los trabajadores del Seguro Social no debe verse únicamente como una discusión salarial. El respaldo mayoritario al aumento del 10 por ciento representa una expresión legítima de quienes sostienen diariamente una de las instituciones más importantes del país.
Los trabajadores tienen derecho a exigir un salario digno, pero también tienen razón cuando señalan que el verdadero problema de fondo está en las condiciones en que se brinda la atención médica. Durante años, médicos, enfermeras y personal de apoyo han tenido que enfrentar la falta de medicamentos, equipos insuficientes, instalaciones saturadas y recursos limitados para atender a millones de derechohabientes.
Los derechohabientes suelen reclamarle a la institución cuando una consulta se retrasa, cuando una cirugía se pospone o cuando falta un medicamento. Sin embargo, pocas veces se reconoce que quienes están en la primera línea también son víctimas de un sistema que requiere mayores inversiones y una planeación más eficiente.
Por eso, la exigencia no debe quedarse en el aumento salarial. Si el gobierno realmente quiere consolidar un sistema de salud digno, debe acompañar ese reconocimiento económico con presupuesto suficiente, abastecimiento permanente de medicamentos, modernización de hospitales y contratación del personal que hace falta.
Los derechohabientes cumplen aportando puntualmente sus cuotas; los trabajadores de la salud cumplen atendiendo diariamente a millones de mexicanos. Ahora corresponde al Estado cumplir su parte, porque la salud de calidad no es un favor ni una promesa de campaña, sino un derecho constitucional que debe garantizarse con hechos y recursos.
La votación de ayer deja una lección importante: cuando los trabajadores se unen para defender sus derechos, también están defendiendo, en buena medida, el derecho de los pacientes a recibir una atención médica más digna, más eficiente y más humana. El desafío ahora es que esa voz no sea ignorada y que las autoridades entiendan que invertir en salud no es un gasto, sino una obligación y una inversión en el bienestar de México.
Los trabajadores ya dieron su mensaje. Ahora toca demostrar si el gobierno está dispuesto a escuchar.




