Nada Personal
¡Aguas!, estas no son meras anécdotas geográficas, representan un toque de atención sumamente estridente que resuena con fuerza inusitada en los despachos de Morena y en las oficinas de La Habana, y es que el péndulo político se amplía y los movimientos en el poder rara vez ignoran estas advertencias globales.
La brújula política de América Latina ha comenzado a temblar, esto debido a los recientes reveses y vientos de cambio en el continente, coronados por el contundente triunfo de Jair Bolsonaro y las señales de fatiga en los regímenes de izquierda.
En México, el panorama interno acelera las pulsaciones, esto porque estamos a menos de nueve meses de enfrentar una prueba de fuego en las urnas, la monumental elección intermedia de junio de 2027, donde el tablero político expone vulnerabilidades profundas.
Le explico: en 2027 estará en juego la renovación de 17 gubernaturas, un botín territorial que hoy concentra el poder del partido guinda: 12 de ellas son administradas actualmente por Morena, tres por el PAN, una por Movimiento Ciudadano y una más por el PVEM, y es aquí donde el panorama luce crítico para el partido de AMLO, porque conservar este dominio territorial ya no luce como un trámite administrativo, sino como una defensa cuesta arriba.
Hoy en día, la maquinaria de la llamada Cuarta Transformación padece los estragos de una creciente crisis de hartazgo y desencanto ciudadano, pues las facturas que cobra la realidad cotidiana pesan, sobre todo por los escándalos de corrupción, el sangrante problema del huachicol fiscal, el colapso operativo en el sector salud, la desaceleración del empleo, el cierre sistemático de empresas y una ola de violencia e inseguridad que se niega a dar tregua en gran parte del territorio nacional.
A lo anterior se suma un lastre imposible de disimular: el desgaste heredado por la administración federal anterior y la sombra prolongada de los círculos familiares, factores que han abierto boquetes considerables en el desgastado discurso de honestidad valiente que alguna vez unió al movimiento.
Si bien es cierto que aun hay tiempo en el calendario para enderezar el rumbo, el diagnóstico interno está lejos de ser alentador. Les urge cerrar filas con autocrítica; las tribus y los distintos grupos de poder al interior de Morena continúan enfrascados en una guerra intestina por las candidaturas y el control político.
Es claro que esa miopía partidista no abona en nada a la corrección de daños y, al contrario, alimenta la percepción de un oficialismo más preocupado por la repartición del botín que por responder a las urgencias de los ciudadanos.
Por eso el mensaje del Cono Sur es claro: la paciencia social tiene límites, y las alternancias suelen empezar a fraguarse mucho antes de pisar las urnas.
Gracias por su paciencia, Nos leemos el próximo miércoles.




