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VILLAHERMOSA, Tab., 20 de octubre de 2026.- La aparente apatía de las juventudes hacia la política no es un desinterés gratuito, sino la respuesta a un sistema institucional vertical y adultocentrista que las releva a cuotas de representación sin poder real, desoye sus proyectos y les habla en lenguajes burocráticos desfasados.
Ese fue el diagnóstico planteado durante el conversatorio Participación política de las juventudes, en el marco de la Novena Semana de la Democracia 2026 Voces que construyen, organizada por el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Tabasco (IEPCT). En el encuentro autoridades electorales de Veracruz y Chihuahua, así como representantes del Ayuntamiento de Centro e investigadoras de la UJAT desmenuzaron las trabas que sofocan la incidencia de las nuevas generaciones.
La inclusión formal en las boletas electorales no se ha traducido en una capacidad efectiva para gobernar. Al abordar este contraste, la tercera regidora del Ayuntamiento de Centro, María Christina Payró Evia cuestionó que los partidos políticos utilicen a los jóvenes para cumplir con el trámite de registro y luego los congelen en la toma de decisiones.
“La representación no puede ser el punto de llegada, tiene que ser el punto de partida. Hay que celebrar que llegamos a este tipo de espacios, pero ¿ahora qué vas a hacer tú para que esos espacios que se le dan a los jóvenes sean reales y para la toma de decisiones, y no solo un lugar que rellenar con ellos?”, lanzó.
Payró Evia alertó que este filtro burocrático termina por minar la confianza ciudadana, ya que el esfuerzo de los jóvenes se estrella contra la apatía gubernamental.
“Muchos jóvenes se van alejando de las instituciones porque dicen: '¿de qué me sirve llevar una propuesta elaborada si cuando llega no se le da seguimiento?'. La base para que un programa gubernamental o una propuesta tenga éxito es el seguimiento oportuno”.
Coincidiendo con esta postura, el consejero electoral del Organismo Público Local Electoral (OPLE) de Veracruz, Fernando García Ramos, instó a blindar las acciones afirmativas para que no queden en una mera simulación partidista.
“Existe la idea de pensar que, por ser jóvenes, no cuentan con experiencia o con una visión particular para atender y resolver los problemas. Las acciones afirmativas tienen que garantizar que realmente lleguen al poder, no solo cumplir con una cuota de los partidos al registrar candidaturas”, aseveró García Ramos.
Otro de los puntos de quiebre expuestos fue el abismo entre el lenguaje de los organismos públicos y los códigos de consumo de las juventudes actuales, más inclinadas hacia la inmediatez y la interacción en plataformas digitales que a los boletines o foros tradicionales.
García Ramos enfatizó que la baja participación en las urnas refleja la incapacidad de los órganos electorales para conectar con el electorado joven, y no una desatención hacia los asuntos públicos.
“No se piense que los jóvenes están desinteresados en las cuestiones de la política; más bien no hemos encontrado la manera de hacer llegar la información. Los mensajes institucionales no cuentan con formatos digitales atractivos ni lenguajes claros y digeribles”, admitió el consejero, señalando además el impacto de los recortes presupuestales a la educación cívica y la desinformación no verificada que circula en la red.
Lejos de la pasividad, las juventudes han mudado la exigencia democrática desde los comités partidistas hacia las causas sociales articuladas en entornos virtuales, como la defensa del medio ambiente, la protección animal o la denuncia ciudadana.
Al recordar el papel histórico de Tabasco en coyunturas como el movimiento #YoSoy132 y las movilizaciones por Ayotzinapa, la profesora-investigadora de la JAT, Flor de Liz Pérez, expuso cómo la entidad fue punta de lanza en trasladar la protesta desde la plaza pública hacia la plaza digital.
“Esos chicos estaban haciendo una ciudadanía distinta (...) estaban entendiendo que estaban haciendo también participación política”, explicó Pérez Morales. La académica sostuvo que el reto de las instituciones frente a las nuevas generaciones —hoy atravesadas por dinámicas como la inteligencia artificial y prioridades como la precarización laboral o la inseguridad— estriba en ampliar la definición de la política.




