Las elecciones del 2027 oportunidad ciudadana en Tabasco y México: PAN
VILLAHERMOSA, Tab,. 27 de septiembre de 2026.- En el marco del Cuarto Encuentro Regional de Institutos y Tribunales Electorales del INE 2026 (Tercera Circunscripción Plurinominal), el Magistrado Presidente del Tribunal Electoral de Tabasco, Oswald Lara Borges, lanzó un severo diagnóstico sobre el estado de la conversación política contemporánea, advirtiendo que la democracia enferma cuando el espacio deliberativo es despojado de rigor y capturado por el espectáculo y la agresión.
Al participar en la Mesa 8, titulada “La integridad del debate público electoral: desinformación y posverdad”, el especialista en Derecho Electoral formuló una interrogante incómoda, pero ineludible para el momento institucional que vive el país:
“¿Es verdaderamente íntegro el debate público electoral en nuestros días? ¿O presenciamos acaso la transformación del espacio deliberativo en una simple escenografía dominada por la teatralización, la espectacularidad y la búsqueda deliberada del escándalo?”
Lara Borges precisó que la integridad del debate público no es un adorno formal, sino la condición indispensable para garantizar el voto libre y consciente. Sostuvo que cuando la discusión política se vacía de contenido reflexivo y se reduce a un espectáculo mediático, no solo se vulnera la reputación de los contendientes, sino el derecho mismo de la ciudadanía a decidir con autonomía y de manera informada.
“¿Qué sucede cuando el debate de ideas y la confrontación de proyectos políticos son sustituidos de manera sistemática por el ataque personal, la descalificación sumaria, la injuria, la calumnia y la difamación?”.
En ese sentido, el jurista recordó que la historia enseña —Cómo en la clásica lección de Juan J. Linz en La quiebra de las democracias.
“Los regímenes democráticos pocas veces colapsan por golpes externos de la noche a la mañana; mueren por la corrosión interna de sus reglas de convivencia, por la ruptura de los consensos básicos y cuando el debate público electoral deja de ser un instrumento de convicción para convertirse en un arma de destrucción del adversario”.
“Al erosionar la verdad compartida y sustituir la evidencia por el sesgo irreflexivo, la desinformación y la posverdad dañan severamente la salud de nuestras democracias”, dijo
Durante su intervención, el Presidente del TET explicó cómo la comunicación política histórica, basada en ideologías estructuradas, ha sido desplazada por mensajes efímeros, impulsos irreflexivos y la teatralidad política. Al respecto.
“Históricamente, la comunicación política descansaba en la confrontación, a veces áspera, pero siempre estructurada, de grandes visiones de sociedad e ideologías que pretendían ofrecer respuestas integrales a los problemas colectivos”.
“Hoy, sin embargo, observamos cómo el contraste de proyectos de sociedad e ideologías estructuradas ha sido desplazado por la inmediatez de mensajes efímeros, pulsiones pasionales y por la teatralidad de la política, donde el artificio sustituye al argumento y el culto a la imagen muchas veces termina estrangulando las propuestas”, señaló.
A esto se suma el impacto de los entornos digitales y la inteligencia artificial en la configuración de la opinión pública. En tal sentido.
“En la era de consumo compulsivo de información, flujo incesante de contenidos y atención dispersa, nos situamos ante entornos digitales que no solo facilitan la difusión masiva de contenidos no verificados, sino que muchas veces están diseñados para explotar el sensacionalismo y la polarización, premiar la controversia sobre la evidencia y encerrar a las personas en burbujas informativas orientadas a confirmar sus propios prejuicios, convicciones y aversiones”.
“A este fenómeno se suma la capacidad de la inteligencia artificial para generar contenidos manipulados o hiperrealistas, los cuales ya no solo buscan engañar sobre lo falso, sino sembrar la duda permanente sobre la autenticidad de lo real y deslegitimar los hechos verificables”.
“La enfermedad de nuestro tiempo es la degradación de la conversación pública y el deterioro de la deliberación democrática, en la que la desinformación y la posverdad son únicamente sus síntomas”.
“¿Por qué es indispensable hacer esta distinción conceptual? Porque cuando la emoción sustituye al argumento, cuando la percepción suplanta a la evidencia y cuando la mentira calculada se vuelve rentable, la conversación democrática pierde su capacidad de articular a la sociedad”.
“Cuando el debate público electoral se despoja de rigor y el espacio público se convierte en un coliseo de agresiones, la democracia enferma. Se erosiona la confianza en las instituciones, se fragmenta el tejido social y se acostumbra al electorado a la lógica del linchamiento digital. Y es precisamente ahí donde operan la desinformación y la posverdad, apelando al prejuicio y a la irracionalidad para que el ciudadano renuncie al juicio crítico y adopte posiciones maniqueas donde todo se reduce a blanco o negro, buenos o malos”, destacó
Frente a este escenario de polarización y ruido algorítmico, el Dr. Oswald Lara Borges fijó con claridad la posición que deben asumir los órganos jurisdiccionales y administrativos:
“Debemos asumir que la función de las instituciones electorales no es ni puede ser la de erigirse en censores de la expresión, ni en fiscales de la verdad. La solución no reside en la restricción del lenguaje ni en el control estatal de las opiniones. El verdadero cometido de los órganos e institutos electorales es asegurar las condiciones para cuidar el ecosistema democrático”.
Finalmente, remarcó que el compromiso de las autoridades electorales es velar por que el espacio público no sea capturado por la manipulación ni el engaño deliberado, garantizando que la ciudadanía cuente con un entorno institucional para ejercer un voto libre y consciente.
“Así, frente a la espectacularización, la calumnia y el ruido algorítmico, nuestro compromiso institucional debe ser con la autonomía del votante, velando por que la ciudadanía pueda acudir a las urnas no movida por el escándalo o el miedo, sino respaldada por el conocimiento y la valoración crítica de las opciones políticas”.
“Porque, como es bien sabido, la democracia no solamente requiere libertad para hablar; también requiere condiciones para escuchar, contrastar, verificar y formar un criterio propio”, manifestó




