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VILLAHERMOSA, Tab., 20 de mayo de 2026.- Santiago Luna tiene siete años, pero desde hace cuatro vive atrapado en una burbuja. Mientras otros niños de su edad corren en los parques o van a la escuela, él pasa los días en la sala de su casa, fatigado, con sangrados constantes y bajo el acecho de infecciones. Santi padece anemia aplásica severa, una enfermedad rara en la que la médula ósea deja de producir suficientes células sanguíneas. Tras un largo camino en la búsqueda de un diagnóstico definitivo, su única esperanza de vida es un trasplante de médula ósea, una cirugía costosa para la cual su familia necesita recaudar de manera urgente 400 mil pesos.
Esta historia comenzó con una dura realidad que se vive en las salas de espera de la entidad. El sistema de atención médica en Tabasco, que a menudo obliga a los doctores a decidir entre brindar una atención detallada o agilizar el flujo de pacientes que hacen largas filas esperando consulta, derivó en un primer diagnóstico equivocado. Los médicos concluyeron que las manchitas rojas en la piel, los hematomas, las ojeras, la ausencia de hambre y los vómitos constantes que presentaba el hijo de Alejandra Ocaña Priego eran síntomas de dengue. Confiados en que el malestar pasaría, regresaron a reposar a casa, pero la situación se agravó de inmediato cuando el pequeño Santi, de entonces tres años, comenzó a sangrar de la nariz, las encías y el estómago.
El gran esfuerzo de una familia unida para costear los gastos de Santi
Dar con la enfermedad real tomó casi un año de incertidumbre. Recientemente, tras descartarse la efectividad de los tratamientos previos, los médicos especialistas confirmaron que el trasplante es la única alternativa para Santiago. Sin embargo, ante los complejos tiempos de espera del sector salud público, sus padres han tomado la decisión de buscar la cirugía por la vía privada para no poner en riesgo la compatibilidad de Santi con su hermano mayor, quien será el donador directo de la médula.
Esta situación ha transformado por completo la estabilidad de su hogar. Su madre tuvo que dejar de laborar para convertirse en su cuidadora de tiempo completo, una situación similar a la de su pareja, quien también perdió su empleo debido a las constantes emergencias médicas del menor. Al mes, la familia requiere cerca de 30 mil pesos solo para solventar medicamentos especializados traídos desde Ecuador, una estricta dieta libre de conservadores y las consultas médicas externas que requiere para atender sus recaídas de forma inmediata.
Para proteger a Santi de cualquier bacteria, su hermano menor de tres años también tuvo que dejar la guardería. La familia vive en un aislamiento total que ya comenzó a afectar las emociones del pequeño.
"Nos ha cambiado muchísimo la vida. Uno como padre quisiera hacer más de lo que puede. Hay gente que nos dice que ya se lo entreguemos a Dios, pero si Dios me lo dio, es por algo, y por algo me puso esta prueba", comparte Alejandra con el corazón en la mano y al borde del llanto.
El conmovedor deseo de un pequeño de siete años
A pesar de su timidez, Santi decidió tomar el micrófono para platicar cómo se siente en medio de su tratamiento. “Hola, soy Santi, tengo siete años, pero me siento un poquito mal porque no he podido mejorar”, expresó con una claridad que toca las fibras más sensibles. Con la inocencia de su infancia, relató las dificultades que enfrenta todos los días:
“Me duelen mis ojos y estoy muy cansado. A veces me da calentura, ganas de vomitar y muchas cosas, como estar debilitado y no poder caminar ni mover mi cuerpo”.
El momento más emotivo ocurrió cuando el menor compartió lo que más extraña hacer en sus días de encierro. “La verdad es que me gusta jugar a la pelota, pero no puedo. Es mejor jugar con las manos que con el cuerpo. Yo creo que quiero jugar como un niño normal”, dijo antes de romper en llanto y refugiarse en los brazos de su madre, quien lo consoló en un abrazo compartido. Para Santi, volver a sonreír y recuperar su niñez depende hoy de la generosidad de quienes conozcan su historia.
¿Cómo sumarse a la causa? Rifas, ventas y una campaña solidaria
La oportunidad de salvar a Santi llegó a través de la fundación Aquí Nadie Se Rinde (ANSeR), una institución que se ofreció a cubrir una parte del costo del procedimiento. Sin embargo, los padres deben aportar un porcentaje restante de aproximadamente 350 mil a 400 mil pesos, una cifra indispensable para cubrir los gastos médicos complementarios y los viáticos para trasladarse y permanecer en otro estado del país durante el periodo de recuperación.
Para reunir esta cantidad, la familia no se ha quedado de brazos cruzados: abrieron un perfil de recaudación en la plataforma oficial de GoFundMe (https://gofund.me/f2e77eb5) y diariamente venden ropa por Facebook, postres y gomitas. Además, con el apoyo de ciudadanos que les donaron algunos electrodomésticos, organizan una gran rifa con un costo de 100 pesos por boleto, donde el primer lugar ganará un refrigerador y el segundo una televisión, además de un sorteo especial para el Día del Padre.
"Nosotros no pedimos que nos regalen el dinero, pero sí nos pueden ayudar comprando un boletito de la rifa", pide Alejandra. Las personas interesadas en apoyar a este valiente pequeño pueden comunicarse directamente al número telefónico 9932400421, realizar una aportación directa en su enlace de GoFundMe o ingresar a la página de Facebook oficial: Apoyemos a Santiago Luna en su trasplante de médula ósea.
Página de Facebook: Apoyemos a Santiago Luna en su trasplante de médula ósea
Enlace GoFundMe: https://gofund.me/f2e77eb5
Contacto directo: 9932400421