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VILLAHERMOSA, Tab., 30 de septiembre de 2026.- De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud federal, Tabasco se ubica como la segunda entidad a nivel nacional con mayor consumo de refresco emboetllado al registrar un promedio de 310 litros anuales por persona, una cifra que supera ampliamente la media nacional de 166 litros y solo se encuentra por debajo de Chiapas (821.25 L). Ante este panorama, ciudadanas de Villahermosa expresaron su intención de reducir e incluso eliminar la ingesta de estas bebidas para proteger su salud y prevenir padecimientos como diabetes, sobrepeso o afecciones renales.
En un sondeo realizado en las calles de la capital tabasqueña, las encuestadas coincidieron en que, aunque el consumo de bebidas embotelladas suele ligarse a convivios familiares o hábitos cotidianos, los diagnósticos médicos y la conciencia del daño orgánico han motivado a adaptar sus rutinas alimenticias hacia opciones naturales.

Para Braulia María Damas Pérez, quien consume refresco solo una vez por semana, la prioridad debe ser el bienestar físico antes que el gusto personal. “Si es por mi salud, sí”, afirmó categórica sobre su disposición a cambiar definitivamente este hábito por opciones hechas en casa, como limonadas o agua de naranja, para evitar enfermedades degenerativas.
Por su parte, Adelaida de la Cruz Mendoza señaló que el cuidado de un familiar enfermo en su hogar la ha llevado a restringir el consumo a ocasiones excepcionales. “No es bueno para nosotros, pero a veces salimos, nos invitan y lo tomamos”, comentó, precisando que en su vida diaria opta por sustituir el refresco por agua simple o de frutas.
En otros testimonios, las vivencias médicas han transformado por completo el estilo de vida. Amira Mayleth Rivera Pérez compartió que, tras la detección de cáncer en su hijo, la familia tomó la decisión de reducir gradualmente la ingesta de refrescos –que solían tomar de tres a cuatro veces por semana– para adoptar aguas frescas preparadas en casa: “Mejor lo sustituimos por aguas frescas y eso”.
En tanto, María Dolores López Ovando reconoció que suele consumirlo entre dos y tres veces por semana durante festejos de fin de semana, aunque identifica con claridad las consecuencias de este hábito. Confiada en sustituirlo por agua de matalí o limón con chía, aseveró que con disciplina logrará dejarlo: “Si tengo perseverancia, sí (lo dejaré por completo)”.
Finalmente, Crystell Martínez compartió que suma tres meses sin probar refrescos tras percatarse del impacto negativo en su cuerpo. “Por lo mismo de que me estaba dañando (...), tiene mucha azúcar y aparte daña los riñones”, concluyó la joven, quien ahora elige únicamente bebidas naturales.