Escopetazos dejan tres muertos en Michoacán
VILLAHERMOSA, Tab., 29 de octubre del 2026.- A una cuadra de distancia, el río Grijalva pareciera estar observando de manera silenciosa al Tianguis Campesino Jesús Taracena, y aunque los divide la estructura del malecón Carlos Alberto Madrazo Becerra, aquel 27 de octubre de hace 19 año, no fue impedimento para que el histórico afluente rebasara el muro e inundará ese centro de abasto popular.
Fueron momentos de estrés, locura y frustración para los locatarios fijos de ese lugar, que pese a los esfuerzos no pudieron salvar nada.
Solo les quedó subir al puente Grijalva 1 a observar cómo el agua del río cubria hasta más de 4 metros el interior de ese centro de abasto.
A los comerciantes semifijos –también ubicados en el interior, aunque la mayoría colocan sus mercancías en el piso– les fue peor, ya que la corriente del afluente se llevó todo.
En algunas mujeres locatarias sus lágrimas de impotencia y dolor interno se confundían con el agua de lluvia que les caía en la cara, recuerdan algunos comerciantes.
Al igual que sus colegas del mercado José María Pino Suárez –a unos 50 metros–, los del Tianguis Taracena lo perdieron todo. Se quedaron a brazos cruzados sin saber qué hacer. Como ocurrió con todo el comercio en los alrededores.

Fue una psicosis colectiva la que se vivió a partir de ese 27 de octubre: el no saber qué pasaría con ellos al perder todo su patrimonio, la forma de ganarse el sustento diario para mantener a su familia, pagarles a sus empleados y que éstos mantuvieran a sus familiares en medio de esa tempestad.
“¿Qué recuerdo tengo? Todos. Y no se me ha olvidado ni uno”, exclamó Luis Enrique Cerino Madrigal, locatario del Tianguis Jesús Taracena y dueño de la pozolería y de la venta de tortillas gruesas El Palillo.
Dijo que lo ocurrido durante la Gran Inundación son imágenes grabadas en su mente que son imborrables. Noches sin dormir por pensar cómo iba a pagar tantas deudas adquiridas para el equipamiento nuevo para el negocio.
"A veces, cuando me preguntan: que si qué sentí en ese momento, digo que nada. Porque lo que tuve fue impotencia y ni a quién culpar", apuntó.
Y agregó: "Impotencia por no poder salvar todo el equipo y material de trabajo, también por no saber qué hacer en esos momentos. Me agarró el miedo, reconozco", expuso.
Mirando a su alrededor desde el centro del Tianguis donde se ubica se puesto de masa, pozol y dulces regionales, Cerino Madrigal expresó que casi la totalidad de locatarios del Taracena son sobrevivientes de la Gran Inundación.
Y, por ello, consideró que todos tienen la misma experiencia, porque "al final de cada jornada laboral, acostumbramos a echarnos nuestra platicada y de vez en cuando sale el tema de la inundación".
Mencionó que a 19 años de distancia ya el caso se toma con humor, pero en ese momento "se nos vino el mundo encima, o el agua encima, en ese momento daba igual".

Con resignación, afirmó que lo bueno de esta imborrable experiencia es que está vivo para poder contarle a sus nietos la inundación que vivió.
Asentó que, con base en créditos, préstamos y ahorros, junto con su familia, pudo levantar de nuevo el puesto.
"Aquí seguimos. Pero mantenemos nuestras oraciones para que Dios nos cuide y no nos desampare", expresó.
Por su parte, Marcos García García, líder de la Unión de Locatarios Roberto Madrazo Pintado del Tianguis Jesús Taracena, confesó que lo que sucedió ese 27 de octubre y los días que siguieron, fueron momentos difíciles, y que cada año vienen a su memoria.
Expresó con nostalgia que muchos compañeros ya no regresaron a trabajar después de la inundación: "les afectó mucho lo que pasó ese 27 de octubre ".
Manifestó que dicho suceso climatológico dejó su huella particular en cada uno de los locatarios.
"Nos la vimos difícil; fueron momentos de angustia y hasta de terror. La impotencia nos invadió. A algunos compañeros les agarró el llanto; otros, como yo, nos aguantamos las ganas", expresó.
Comentó que no tiene palabras para expresar lo que vivió ese 27 de octubre; "fueron sensaciones y emociones indescriptibles, difíciles de expresar", exclamó.
En lo personal, agregó, “me costó mucho levantarme. El gobierno nos ayudó pero fue insuficiente. Tuve que pedir prestado”.

Marcos García recordó que con sus empleados llegó a un acuerdo de pagarles la mitad de sus salarios, porque la recuperación del negocio tardaría en llegar.
De las experiencias, dijo que la Gran Inundación dejó mucha para todos, pero sobre todo la de valorar las cosas y la vida porque todo puede cambiar en segundos.
"Aquí seguimos, trabajando, en espera de los clientes para atenderlos como se merecen", puntualizó.
Y así, resignados, pero con ganas de vivir y salir adelante se expresaron los locatarios del Tianguis Jesús Taracena entrevistados por Quadratín Tabasco. Un centro de abasto muy deteriorado que hoy día luce, como si la inundación hubiese ocurrido ayer.
