Música del mariachi en México, en manos de las nuevas generaciones
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 11 de septiembre de 2026.-Cada región y cada familia tiene su propia manera de prepararlo, pero todos tienen algo en común, al servirlo, la comida se convierte en celebración.
El Mole es un lujo de la mesa mexicana que invita a celebrar, que se comparte, que se presume y se saborea desde antes de probar.
Puede aparecer en una boda, en un cumpleaños, una fiesta patronal, una reunión familiar o en la comida de domingo. Pero, cuando alguien anuncia que habrá mole, lo primero que pensamos es en una mesa llena, tortillas calientes y alguien dispuesto a repetir el plato.
Una historia que se cocina lentamente.
Hablar de mole es hablar de chiles, semillas, especias, hierbas, frutos y, en algunas preparaciones, chocolate. Es hablar de ingredientes que por separado tienen sabores muy distintos, pero que juntos se transforman en una preparación profunda, aromática y difícil de olvidar.
En México no existe un solo mole. Hay mole poblano, negro, rojo, verde, amarillo, coloradito y muchas otras variedades que forman parte de las cocinas regionales. Cambian los ingredientes, las técnicas, la textura, el color y hasta la ocasión en que se prepara.
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