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VILLAHERMOSA, Tab., 4 de junio de 2026.- A principios del siglo XX, Tabasco vivió una época de profunda transformación económica al contar con la facultad de emitir su propio papel moneda. Este periodo histórico fue detallado por Alberto Gerardo Vasseur, integrante de la Sociedad Numismática de Tabasco (Sonutab), durante la charla titulada El banco de Tabasco y sus billetes, donde ofreció un recorrido por los orígenes, el auge y la posterior caída de la primera institución bancaria de la entidad.
El especialista explicó que este desarrollo fue posible gracias a la Ley General de Instituciones de Crédito (Ley General de Bancos) decretada durante el mandato presidencial de Porfirio Díaz. Dicha legislación buscaba descentralizar la economía prometiendo un desarrollo regional para cada estado del país, otorgándoles el beneficio de poseer un banco emisor local con facilidades fiscales y exención de ciertos intereses.
"No era como un Banamex donde tú vas a retirar dinero de un banco. Aquí se le daba la facilidad a cada estado de poder imprimir ese billete", apuntó Vasseur.
Sin embargo, este sistema tenía una marcada limitante geográfica: los billetes emitidos no eran aceptados fuera del territorio de la entidad federativa de origen.
Fundación, élites y el arraigo en la confianza comercial
De acuerdo con los registros históricos rescatados de las diapositivas de la ponencia, el proceso de consolidación formal inició bajo la administración del General Abraham Bandala, gobernador de Tabasco en varios periodos, bajo cuya gestión se firmó la concesión correspondiente. Oficialmente, el 20 de noviembre de 1900 se otorgó la concesión a las firmas comerciales G. Benito y Compañía, Búlnes y Compañía y al empresario tabasqueño Policarpo Valenzuela.
El Banco de Tabasco inició operaciones formalmente el 1 de enero de 1901 con la presencia del Gobernador y una junta de fundadores integrada en su mayoría por empresarios de origen español. Aunque no sobreviven fotografías de la fachada del inmueble, el Periódico Oficial del Estado de Tabasco documenta que la institución se estableció en la casa número 23 de la calle Juárez, en el Centro de Villahermosa.
La introducción del billete enfrentó una fuerte resistencia inicial en una sociedad tabasqueña habituada al trueque y al uso exclusivo de monedas de metales preciosos (oro y plata), cuyo valor se determinaba por su peso en gramos. Debido a la desconfianza generalizada de que el papel no tuviera un valor real, durante el primer año su uso se limitó casi por completo a transacciones gubernamentales y operaciones entre grandes compañías concesionarias.
La transición hacia el comercio formal se logró gracias al respaldo de las principales casas comerciales de la época (como M. Berreteaga & Co., Romano y Cía. o M. Ripoll & Co.), que comenzaron a aceptar el papel moneda en sus establecimientos. Este voto de confianza empresarial provocó que, en menos de tres años, la totalidad del dinero del banco se encontrara fluyendo con éxito en el mercado local. De acuerdo con las gráficas de flujo financiero exhibidas por la Sonutab, la circulación de los billetes pasó de 95 mil 610 pesos en su año de arranque a su punto más alto en julio de 1903, alcanzando un pico de 1 millón 134 mil 800 pesos en circulación, antes de estabilizarse hacia diciembre de 1906 con 812 mil 205 pesos registrados.
La Malinche: Precedente de la mujer en el papel moneda mexicano
Los billetes del Banco de Tabasco eran fabricados en el extranjero por la prestigiosa firma American Bank Note Company, encargada de diseñar papel moneda para diversas naciones del mundo. Estas piezas incorporaban imágenes estrechamente ligadas a la identidad cultural y productiva del estado.
Una de las particularidades más destacadas de esta emisión numismática se encuentra en el billete con denominación de 5 pesos. En su anverso se imprimió la efigie de la Malinche, lo que constituye un hito histórico al ser una de las primeras ocasiones en que una figura femenina apareció en un billete en México. Vasseur detalló que la inclusión de este personaje obedeció a que los concesionarios de origen español tenían la firme creencia de que ella era originaria del territorio tabasqueño, dotando a la pieza de un alto valor histórico y simbólico para la época. Para dimensionar el valor adquisitivo de ese periodo, los analistas de la Sonutab estiman que un billete de 10 pesos de aquellos años equivaldría a un poder de compra actual de entre 10 mil y 14 mil pesos.
El sistema de emisión local del Banco de Tabasco operó de manera regular durante un periodo de 15 años (de 1901 a 1915). Finalmente, los severos conflictos económicos y los cambios políticos derivados del movimiento revolucionario en el país forzaron el declive y la desaparición de estas instituciones regionales, centralizando la facultad de emisión monetaria de forma exclusiva en el Banco de México.