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VILLAHERMOSA, Tab., 2 de mayo de 2026.- En el corazón de la algarabía por la Feria Tabasco 2026, el trabajo de Sandra Domínguez Cruz Morales destaca como un testamento de paciencia y devoción cultural. Originaria de Cárdenas, la artesana textil entrevistada por Quadratín Tabasco, lleva más de ocho años dedicada al punto de lomillo, una técnica tradicional donde cada puntada es un espejo de la flora estatal.
En la tira tradicional, el proceso sigue un orden cromático inamovible que comienza con el tulipán rojo, seguido del amarillo, el rosa, el blanco, el naranja y el azul. Esta disposición, según explica Sandra, “es una representación del colorido de los árboles que tenemos en nuestro estado”. Esta labor adquiere una importancia simbólica máxima en estos días de feria, ya que estas mismas tiras son las que portan con orgullo las embajadoras municipales, convirtiéndose en el alma del traje regional previo a la elección de la Flor de Oro.
Más allá del resultado estético que deslumbra en las pasarelas, la realidad de Sandra es una de entrega absoluta y desgaste físico. Elaborar una tira comercial de 23 puntos —la más buscada para las blusas tabasqueñas— le toma de tres a cinco días de labor ininterrumpida. Su jornada no conoce descansos; trabaja “de tiempo completo, todo el día, nada más haciendo espacios para comer”, afirma.

Este esfuerzo se vuelve aún más técnico y demandante cuando se trata de diseños especiales o iconografía tradicional como el cacao, donde incluso llega a utilizar herramientas como Excel para precisar la colocación del diseño antes de que la aguja toque la tela. Para ella, el bordado fue una elección consciente de profesionalización; al ser clasificado en Tabasco como una artesanía y no como una simple manualidad (como el tejido), pudo registrarse oficialmente ante el Instituto para el Fomento de las Artesanías de Tabasco (IFAT) y así dignificar su oficio.

El camino para dominar este arte fue una batalla contra el hermetismo de antaño. Sandra recuerda que anteriormente el punto de lomillo era una técnica casi exclusiva de Nacajuca y el conocimiento se guardaba con celo. “Era muy poca la gente que bordaba y también no había mucho dónde aprender y compartir, porque a veces ellas saben bordar pero no saben enseñar, porque ellas, desde chicas lo aprendieron empíricamente”, relata sobre aquellos tiempos en que el saber era inaccesible.

Fue en Villahermosa, a través de una amiga y posteriormente en los talleres del IFAT, donde Sandra rompió esa barrera. Al notar que en Cárdenas la gente debía viajar lejos por un traje típico, decidió emprender: “Viendo que en Cárdenas no había muchas bordadoras, que cuando alguien requería un traje típico, iban a Nacajuca, fue donde empecé a comercializar mis tiras”.
Hoy, Sandra no solo produce; también combate la desvalorización de lo artesanal frente a las cintas sublimadas industriales que, según advierte, “demerita el trabajo de un artesano”. A pesar de ello, sostiene con orgullo que “todavía hay mucha gente que busca la original” y que está dispuesta a pagar el valor justo, que oscila entre los 800 y 2 mil pesos por camisa. El reconocimiento más valioso viene de quienes comprenden que cada pieza lleva un fragmento de su vida, como aquellas clientas de Colima que le recordaron: “no es solo tu tiempo, tiene tu valor, tu fuerza”.

Bajo el sello Bordado Tabasqueño Soy Choquita, como la pueden encontrar en Facebook, Sandra diversifica su arte en peinetas, collares y prendas, mientras imparte clases en la Casa de Cultura de Cárdenas para que este patrimonio cultural, declarado ya propiedad de Tabasco, no muera con el cansancio.

De igual forma, para adquirir su obra o aprender la técnica, pone a disposición el número 937 120 5031.




