Testigo fiel
Hace unos días me enteré de la muerte de mi amigo y excompañero de facultad, Juan de Dios García Davish; se nos adelantó en el camino que, algún día, todos tomaremos.
A Juan -como le decía- lo conocí en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales; estudiamos la licenciatura de Ciencias de la Comunicación, iniciamos una amistad que se prologaría por muchos años y que marcó mi vida.
Gracias a Juan, fui contratado en el Diario de Sotavento, que se editaba en Coatzacoalcos Veracruz, que estuvo a cargo de mi mentor y amigo Don Carlos Rivera Ortiz, que fue quien junto con otros amigos, me guió en este noble oficio, que es la comunicación.
Un buen día, allá por 1984, me encuentro a Juan en la Facultad de Ciencias Políticas y me dice: "oye, David, no te gustaría ir a trabajar a Coatzacoalcos? Don Carlitos (como le decíamos cariñosamente a Don Carlos), está a cargo del Diario Sotavento; le voy a hablar y le diré que tú vas para allá".
Unos días antes de mi viaje a Coatzacoalcos, fui a ver a Juan que vivía en la colonia Narvarte de la Ciudad de México, tomó el teléfono y supuestamente marcó a Coatzacoalcos; no hubo respuesta, pero me dijo: "tú no te preocupes, ya Don Carlos sabe que vas para allá".
Al llegar a Coatzacoalcos, me comuniqué al diario y esa vez sí hubo respuesta. Don Carlos fue por mí a la estación de autobuses y me dice: "ese Juan nunca me dijo que vendrías, pero ya estás aquí". E inicié mi actividad en la comunicación.
Fueron casi tres años que conviví con Juan de Dios García Davish, en Coatzacoalcos, poco tiempo después agarramos rumbos diferentes: él se fue a Tapachula y yo llegué a Tabasco.
En cierta ocasión, viaje a Tapachula, Chiapas, en donde él radicaba; fue la última vez que convivimos. Nunca más nos volvimos a ver.
Supe de él por alguna información que publicaba, me enteraba de sus actividades periodísticas, era amante de la fotografía y la defensa de los derechos humanos -creo yo- que era su pasión.
Le gustaba la fotografía -creo que era su pasión-, no perdía oportunidad para lograr la imagen perfecta.
Como muchos de mis amigos y excompañeros de El Sotavento, fue una experiencia única, que -consideró- quedó marcada para el resto de nuestras vidas.
Algunos de esos excompañeros y amigos no los he vuelto a ver; tomamos caminos diferentes, pero siempre los tendré presente en mi mente y mi corazón.




