Contexto
Un tráiler cargado con carne para hamburguesas volcó el sábado 13 en la carretera Coatzacoalcos-Cárdenas. El conductor salió ileso, pero la mercancía no: en minutos, automovilistas y pobladores se abalanzaron sobre la carga congelada. La Guardia Nacional llegó tarde, como siempre, cuando el saqueo ya era una historia muy repetida en esa zona.
No es un accidente aislado. Los choferes saben que los delincuentes colocan piedras en la carretera o desde los pasos peatonales para provocar el vuelco.
Los conductores no denuncian por miedo a las amenazas y más porque la mercancía viene asegurada. Y mientras tanto, la rapiña se normaliza como si fuera derecho ciudadano.
La crítica es dura pero necesaria: no hay civismo en la ciudadanía.
Estas acciones no son por hambre, son un vulgar saqueo. No es necesidad, es oportunismo.
La ausencia de educación y responsabilidad social convierte a la carretera en escenario de impunidad cotidiana.
El Estado falla: Guardia Nacional y Ejército llegan tarde, y nunca tocan a los saqueadores, y refuerzan la percepción de que robar en grupo no tiene consecuencias.
Pero también falla la sociedad: ciudadanos comunes se convierten en cómplices de la delincuencia, legitimando la rapiña como ha sido costumbre. Estas vergonzosas notas nos hacen ver a lo tabasqueños como gente de lo peor, desafortunadamente.
La pregunta es incómoda: ¿qué clase de ciudadanía estamos construyendo si el reflejo inmediato ante un accidente es robar? La respuesta exige más que patrullas: exige educación cívica, una materia que el gobierno desapareció en los libros de texto por desgracia y una cultura de legalidad, así como un Estado que no tolere y se acostumbre a la rapiña, como práctica social.
Algunas notas al respecto que avergüenzan:
“La Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar) señaló que se requiere mano dura contra la rapiña en Tabasco, que afecta la seguridad y economía del sector.”




