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VILLAHERMOSA, Tab., 2 de julio de 2026.- El reciente operativo de desalojo contra el comercio informal en las inmediaciones del mercado Miguel Orrico de los Llanos extendió sus afectaciones más allá de los vendedores ambulantes, alcanzando de manera directa a los tradicionales boleros instalados en el parque de Tamulté de las Barrancas. Los trabajadores de este oficio emblemático de la colonia se vieron despojados de sus estructuras de trabajo, alterando por completo la dinámica de su jornada laboral en la plaza pública, por lo que mantienen la esperanza de volver a trabajar con normalidad, pues aseguran, eso les prometieron.

Durante este jueves, la imagen habitual de los lustradores atendiendo a sus clientes en sus características sillas elevadas desapareció. En su lugar, apenas un par de boleros permanecieron en la zona intentando trabajar de manera sumamente incómoda, con sus herramientas e insumos colocados directamente sobre el suelo. Aunque la mayoría ha optado por rehusarse a dar declaraciones formales por temor a represalias, los afectados confirmaron que el personal del Ayuntamiento de Centro se llevó sus sillas y toldos bajo la promesa de que se los restablecerían en los próximos días.
Dicha justificación oficial choca de frente con las declaraciones ofrecidas esta misma mañana por la presidenta municipal, Yolanda Osuna Huerta, quien confirmó ante los medios de comunicación que el retiro de toda actividad comercial en la vía pública de ese perímetro tiene un carácter permanente. El anuncio deja en la incertidumbre el destino de los boleros, quienes dependen de ese mobiliario para ejercer su labor.

El impacto del desalojo ha sumido a la periferia del mercado en un ambiente de hermetismo. Las paradas de las combis conocidas como las verdes y los locales establecidos lucieron con opiniones divididas y un marcado recelo a hablar públicamente de lo ocurrido. Fuera de cámaras, algunos locatarios manifestaron su extrañeza por la repentina ausencia de los comerciantes informales, mientras que los checadores del transporte público afirmaron desconocer el trasfondo de las medidas, atribuyéndolas con cautela a un evento de limpieza.
La desinformación sobre el alcance del operativo también afectó a pequeños expendedores tolerados de la zona. Margarita Alegría, la única vendedora de especias que se arriesgó a permanecer en la calle, confesó temerosa que las autoridades únicamente les habían notificado que debían retirarse de manera temporal para realizar labores de lavado y pintura en las banquetas, desconociendo que se trataba de una exclusión permanente de la que depende el sustento diario de sus hogares.
