El quiebre de la normalización de la violencia
Todo sistema democrático se alimenta de diversos componentes tales como la división de poderes; garantía y protección de los derechos de las personas, mismos que deben contar con elementos de libertad, seguridad y certeza en las leyes; bases para la celebración periódica de elecciones; normas que regulen de forma ordenada la convivencia social; leyes que diriman las controversias que se presenten en elecciones, entre muchos más.
Sin embargo, un régimen democrático no es auténtico si no es tomado en cuenta su principal soporte: la ciudadanía.
Por ello, la participación de las y los ciudadanos en la toma de decisiones en un sistema democrático es fundamental. Su presencia en elecciones y su libre ejercicio del derecho al voto constituye el factor más importante: da credibilidad y legitimidad al propio sistema democrático y con ello, a los principios democráticos consagrados tanto en la Constitución como en las leyes, a las autoridades electorales, a los partidos políticos que compiten basándose en propuestas que beneficien a la poblaciión y, por supuesto, a las personas que., en su oportunidad, resultaron electas.
Esto se traduce en que las autoridades electas con el voto mayoritario de la población gozan de un piso mínimo para ejercer con plenitud sus funciones.
En nuestro país, constitucionalmente está previsto el voto como un derecho y como una obligación. A pesar de ello, el Poder Legislativo no ha establecido en la Constitución (artículo 38) o en las leyes secundarias una sanción aplicable para las y los electores en caso de no votar el día de la jornada electoral. Esto convierte al voto en un ejercicio cívico voluntario.
En México la participación en las elecciones queda bajo nuestra propia responsabilidad, sin embargo, el no ser parte de la fiesta cívica que representan las elecciones tiene consecuencias y varias lecturas. Entre las repercusiones más relevantes está la de que, al no participar, debemos atenernos a lo que votaron las y los electores que sí asistieron a las urnas y con ello, a las acciones de gobierno o legislativas que se determinen, nos gusten o no. También, entre menos participación haya el día de la jornada electoral, menor credibilidad de las autoridades electas, entre otros aspectos más.
Asimismo, entre las lecturas más comunes por la no participación en elecciones de la ciudadanía destacan: su posible apatía; la aparente pérdida de confianza en los actores políticos participantes; en el no convencimiento de ninguna de las propuestas o candidaturas presentadas, entre otras.
En este contexto, en una democracia nuestra participación debe ser un aspecto nodal. Votar es manifestarnos por una opción política; valorar el ejercicio de un cargo y en consecuencia votar por esa opción política o simplemente rechazarla votando por alguna otra opción.
Por estos motivos, el Instituto Nacional Electoral (INE) estará desplegando en su oportunidad campañas de comunicación masiva en radio, televisión, prensa y plataformas digitales para incentivar a la ciudadanía a informarse, conocer a sus candidaturas y a votar para ser parte integrante del destino de este país a través de mensajes que expliquen de manera sencilla las etapas más importantes de los procesos electorales tales como: quiénes son los competidores; en su oportunidad quiénes son las personas candidatas, así como su trayectoria; cuáles son las propuestas que las y los candidatos presentan ante la ciudadanía; la ubicación de las casilla a las que la ciudadanía podrá ir votar, entre otras.
El sufragio es un derecho, nuestro derecho y debemos ejercerlo de manera libre, razonada e informada, con la plena convicción de que con ello fortalecemos nuestra democracia independientemente de la opción política por la que decidamos hacerlo, por un partido político determinado, una persona candidata o una coalición.
El voto materializa el principio de igualdad: un voto por cada persona electora y es el mecanismo que garantiza que el poder público provenga de la ciudadanía y, con ello, este poder tenga la obligación de rendir cuentas de manera permanente.
Ejerzamos nuestro derecho a votar en las elecciones de 2027.




