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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 28 de septiembre de 2026.- Cada vez que aparece una nueva tecnología surge una pregunta inquietante: ¿terminará dominando al ser humano? Con la inteligencia artificial (IA), esta duda ha vuelto con fuerza. Algunos imaginan máquinas conscientes que esclavizan a las personas. Otros creen que la IA acabará con todos los trabajos. Los más pesimistas hablan incluso de la extinción de la humanidad.
¿Qué diría la filosofía realista sobre este tema?
La realidad antes que la imaginación
La filosofía realista, representada por pensadores como Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, parte de una idea sencilla: debemos juzgar las cosas según lo que son, no según nuestros miedos o fantasías.
La IA es una herramienta creada por seres humanos. No es una persona. No posee alma. No tiene inteligencia en el sentido propio del término. Lo que llamamos "inteligencia artificial" es, en realidad, una capacidad extraordinaria para procesar datos, reconocer patrones y ejecutar tareas complejas.
Puede jugar ajedrez. Puede escribir textos. Puede analizar imágenes. Pero no comprende el significado profundo de lo que hace.
Por ello, el realismo filosófico nos invita a evitar dos extremos:
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