Celebra CICEG centenario del calzado
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 30 de octubre de 2026.- En México, cuando alguien llega de visita, se le ofrece un asiento, un vaso de agua y, si hay oportunidad, algo de comer. No siempre importa de dónde viene ni cuánto tiempo se quedará. Basta con que toque a la puerta para encontrar un lugar en la mesa. Y en el Día de Muertos, esa hospitalidad puede extenderse incluso a quienes ya no están.
Según algunas tradiciones populares, el 30 de octubre está dedicado a las almas olvidadas, aquellas que murieron en soledad, que nunca pudieron ser identificadas o cuyo recuerdo se perdió con el paso de los años. Son los muertos que no tienen una fotografía sobre el altar, un nombre pronunciado en voz alta ni una familia que aguarde su regreso.
Pero en una celebración construida alrededor de la memoria, México también ha encontrado una manera de hacer espacio para quienes aparentemente no tienen a nadie.
Mientras algunas familias preparan los platillos favoritos de sus difuntos, acomodan retratos y encienden veladoras para señalarles el camino a casa, otras expresiones de esta tradición reservan simbólicamente un lugar para las ánimas desconocidas.

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