Nada Personal
Andrés Manuel López Obrador es el dirigente. Está claro, y no porque lo diga su hijo Andy, quien usó ese adjetivo para referirse a su papá y a su reaparición pública de este último miércoles de septiembre, a casi dos años de que concluyera su mandato.
“Les comparto este video donde nuestro dirigente López Obrador habla sobre su nuevo libro”, escribió en sus redes sociales el aspirante a diputado federal por Morena.
Como heredero político, Andy remarca con su publicación que su padre es el “comandante”, el “líder moral”, el fundador, el “jefe máximo” y la figura más importante, que sigue dictando y mandando.
Eso lo convierte a él en otro poderoso porque, a contracorriente de lo que prometió tantas veces, el expresidente no se retiró ni se alejó de la política.
Tras dejar la Presidencia el 1 de octubre de 2024, López Obrador inició una especie de año sabático para escribir y se refugió en la quinta La Chingada, en Palenque, Chiapas, de la cual sale únicamente para visitar a su esposa en la Ciudad de México y donde solo recibe a sus hijos y a personas muy allegadas.
Contando la de ayer, miércoles, a la fecha ha realizado seis intervenciones públicas relevantes, las cuales le han servido para mantener vigente su presencia, remarcar sus ideas y fijar algunas directrices políticas.
La primera reaparición que tuvo fue el 1 de junio de 2025, cuando acudió a votar en la elección judicial en Palenque. Hasta ahora, es la única ocasión en que ha convivido con personas más allá de su círculo íntimo.
El 30 de noviembre de ese mismo año presentó su libro Grandeza a través de un video de 50 minutos, grabado en La Chingada.
El 3 de enero de 2026 se manifestó a través de sus redes sociales para condenar la operación militar de Estados Unidos contra Nicolás Maduro.
Después, el 14 de marzo, recurrió nuevamente a las redes, que ahora ya no llama “benditas”, para pedir apoyo para Cuba ante las consecuencias del bloqueo económico contra la isla y los apagones en ese país.
Para el 3 de junio utilizó la comunicación escrita y publicó una carta en defensa de la presidenta Claudia Sheinbaum, en la que criticó al presidente estadounidense Donald Trump, por lolo que consideró una injerencia de funcionarios estadounidenses.
La de este 30 de septiembre es la sexta ocasión en que sale de su autoaislamiento, con el pretexto de la presentación de un nuevo libro, al que ha titulado Pueblo.
Fue una participación más planeada, pues horas antes comunicó en YouTube que transmitiría en vivo, aunque al final solo publicó un video de 120 minutos, editado previamente y con varios tiros de cámara.
El expresidente dedicó la mayor parte del tiempo de la grabación al ataque y la descalificación, a alimentar odios y resentimientos, como si se tratara de echar gasolina al fuego y reanimar las emociones del movimiento político fundado por él y que se desgasta y debilita por pugnas internas.
Muy a su estilo, salió a decirles a los suyos lo que ya saben y no deben olvidar: que el enemigo está afuera y que hay muchas razones para defender a la 4T.
Recurrió, como lo hizo durante tantos años en sus conferencias, a la mentira y al denuesto para referirse a periodistas, medios de comunicación y empresarios que no piensan como él y lo critican.
Aunque usó las plataformas de redes sociales para comunicarse y amplificar su discurso, machacó que ya no son “benditas”, pues ahora están bajo el control de los hombres del dinero.
No fue una reaparición pública para generar concordia, llamar a la unidad entre los mexicanos y superar nuestras diferencias; todo lo contrario. Los resultados se vieron a los pocos segundos, cuando la red de propagandistas del régimen enfiló todos sus esfuerzos para descargar odio y alimentar la división.
Así, “el dirigente” y lo que aún tiene por dar porque, según dijo, goza de cabal salud y, desde La Chingada, seguirá ejerciendo su mando y liderazgo.




