La agenda en red
Diez minutos antes de la una de la tarde, bajo un sol inclemente, hombres y mujeres con uniforme blanco, en su mayoría, saltan al paso de los automóviles que circulan sobre la lateral e intentan tomar los carriles centrales del boulevard Adolfo Ruiz Cortines, frente a la plaza comercial Olmeca, en dirección hacia el parque La Venta en Villahermosa.
Al mismo tiempo otro grupo, cierra el tránsito en la dirección opuesta, a la altura del periódico El Heraldo. La zona Tabasco 2000 convulsiona. Para ese momento, médicos, enfermeros y enfermeras, camilleros, personal de servicio social y de las áreas administrativas de distintas unidades de salud del IMSS Bienestar, han acumulado cuatro horas de bloqueo a todas las intersecciones de Paseo Tabasco y Ruiz Cortines.
Al cerrar el flujo en el centro de la otrora carretera costera del golfo, la parálisis es total.
¡Déjenos pasar! ¡Todos tenemos compromiso!, le grita una mujer al auxiliar de enfermería Carlos, quien sostiene una lona con la frase: ¡hoy alzamos la voz!
!Ustedes pueden hacer su paro y de todas maneras les pagan, yo si no trabajo no gano!, lanza otro hombre, furioso. La enfermera Karla trata de sensibilizar a quienes habían bajado de sus automóviles para confrontarlos por no permitirles el paso:
“Esto lo hacemos por ustedes también, cuando tenga que ir a un hospital se va a dar cuenta que no hay nada, no hay medicinas, no hay insumos, no hay con que practicar una cirugía”, se justifica. Pero, nadie se muestra dispuesto a al menos hacer un intento por comprenderlos.
Todos gritan, unos amenazan, otros jalonean las lonas, algunos más piden el paso argumentando una urgencia de salud. Es el caos.
En la víspera, una trabajadora jubilada del IMSS, que salió a marchar con los sindicalizados de este instituto, que también se han lanzado a las calles para exigir mejores condiciones laborales y salariales y denunciar las precarias condiciones de los hospitales y unidades familiares, expresó: “aquí deberían estar los derechohabientes, unidos, exigiendo; de qué sirve que se quejen allá y griten a las enfermeras, cuando no los atienden o no les dan las medicinas”.
Pero nadie parece dispuesto a luchar, reclamar o exigir. El que sufre por una enfermedad ya no puede hacerlo, podría quizá un familiar, pero en medio de la emergencia lo que único que desearía probablemente es que su ser querido se recupere y si para ello tiene que gastar en medicamentos, no le importaría.
Así las protestas han quedado como recurso para los trabajadores, el personal de la salud, que ha tenido que abanderar como causa también la de sus pacientes.
Una causa que al que goza de la salud le será del todo indiferente ¡Me vale madre, yo tengo mi seguro!, rezongó un hombre cuando los manifestantes que bloqueaban ayer el boulevard Ruiz Cortines, trataron que comprendiera que como sindicalizados luchaban por una causa común.
Detrás de las paredes de los hospitales del IMSS, del ISSSTE, de Pemex, ISSET y del IMSS Bienestar la gente muere por falta de atención oportuna, por la escasez de fármacos, de insumos, por las carencias de equipo básico y especializado para los diagnósticos y estudios, porque no se cuenta con reactivos para las pruebas de laboratorio.
Pero el problema se ha normalizado. Mucha gente que se atiende en las instituciones públicas de salud recibe algún programa social del gobierno. No protesta porque, por un lado, cree que si lo hace pudieran quitarle su apoyo, y por otro, porque se siente agradecida.
Al final, el dinero que recibe lo gastará en medicinas, sin darse cuenta que es el mismo recurso con el que antes el gobierno compraba los fármacos y que ahora le entregan a través de una cuenta bancaria. Solo que ahora, ese beneficio le obliga a callar y aceptar la versión oficial de que todo marcha de maravilla en el sector salud y que lo del desabasto es un invento de los medios y una bandera de grupos golpistas, de derecha nacional e internacional o una jugarreta algorítmica.
Habrá quien alce la voz, al darse cuenta de la realidad, pero ya será demasiado tarde, porque cuando pudo hacerlo, actuó indiferente y dejó solo al que quiso luchar cuando debió hacerlo.
En la arena de la competencia electoral local, salta a la vista una estrategia que busca deslegitimar, debilitar y borrar a los grupos opositores a la coalición gobernante. En la semana que transcurre ocurrieron tres hechos que permiten pensar en ello: primero, la denuncia por acoso sexual contra el dirigente estatal del PRI, Miguel Barrueta, que ocupó la primera plana del periódico Tabasco Hoy; segundo, la sentencia de la sala regional del Tribunal Electoral federal que confirmó que el dirigente del PRD, Rafael Acosta, incurrió en actos anticipados de campaña, y tercero, la resolución del mismo órgano jurisdiccional confirmando la negativa de registro como partido político de Alternativa Social de Humberto de los Santos Bertruy.
Son hechos ocurren precisamente a la par de que se han formalizado las denuncias de la oposición en torno a que el régimen morenista en el gobierno prepara una elección de Estado y las dirigentes del PRI, PRD, Somos y la agrupación Unión Democrática de Bertruy, afianzan su acuerdo político para competir juntos en la elección del próximo año. Desaparecerlos del mapa parece ser la apuesta.




