Columna Descomplicado/Jorge Robledo
No es lo mismo el canto del ganso que el canto del gansito. Esta aseveración le viene como anillo al dedo a la situación expuesta este martes por Andrés Manuel López Beltrán, quien con acusaciones a medios de comunicación y a los llamados potentados, volvió a recetarnos los discursos que su papá dictaba desde su campaña y luego desde su conferencia mañanera cuando surgían denuncias de presuntos actos de corrupción, pero en el caso de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), había una trayectoria construida y una credibilidad que aun goza con cierta parte de la población, que lo que decía se asumía como una verdad, pero en boca de su hijo denota la necesidad de que su imagen no siga sufriendo del desencanto pero que no llega a llenar esos espacios de dudas que han surgido en estos momentos.
Le pongo en Contexto que este martes 3 de noviembre Andy López resucitó tras su desaparición en sus redes sociales, para referirse a temas en los cuales en los últimos meses ha sido acusado por diversos medios informativos y personajes de la oposición, por lo que salió a defenderse para desmarcarse de alguna relación con Amílcar Olán; también negó ser parte del huachicol fiscal en el cual un par de mandos navales que hoy están en el penal del Altiplano lo han señalado supuestamente como parte de los operadores y, de paso, acusó a medios informativos como Código Magenta, TV Azteca y periódicos nacionales de crear una narrativa de que es parte de actos de corrupción junto a las personas, de quienes ha aclarado, nunca ha tenido relación.
En ese sentido, López Beltrán recurrió en un video de 10 minutos a la estrategia que realizaba su padre en estos casos: crear su propia narrativa a través de una declaración en donde como él mismo decía, todo era parte de un complot, para hacer creer a la gente que no se estaba trabajando bien. AMLO negaba, como lo hizo Andy, los hechos que se le imputaban para al final doblar el asunto en contra aludiendo de que todo era mentira y formaba parte de una estrategia mediática pagada por empresarios que perdieron sus privilegios como pasaría con Ricardo Salinas que ahora sí tuvo que pagar impuestos que debía, para decir mentiras y hacer que la gente no creyera en su proyecto.
El video en el que Andy niega vínculos con Amílcar Olán y el huachicol fiscal no aporta elementos nuevos. Repite, casi palabra por palabra, la carta que él y su hermano Gonzalo publicaron en julio de 2024 . En aquel entonces dijo que conocía a Olán “de Villahermosa” y que se dedicaba a la venta de acabados; hoy dice lo mismo. Dos años después, el contexto ha cambiado: hay reportajes sobre contratos millonarios de Olán entre 2018 y 2026, una empresa señalada por un esquema de huachicol fiscal de 834 millones de pesos, y la mudanza de Olán a Suiza.
Como lo hemos dicho en otras entregas, Andy no es AMLO, es decir; "no es lo mismo el me canso ganso, que el ganso está cansado”. Y es que la realidad, pese a los argumentos y los discursos copiados de las defensas que hacía el expresidente cuando se le achacaba a él, a sus colaboradores o a sus hijos, no surten efecto porque López Obrador era un líder con una trayectoria en su momento opositora que luego se consolidó con su triunfo a las urnas, que lograba cautivar a sus seguidores aceptando sus argumentos como realidad pese a que se presentaran documentos que avalaban las acusaciones.
En el caso de Andy, seguramente la situación de las supuestas complicidades de corrupción con el Tren Maya, el huachicol fiscal y su relación con Amílcar Olán, ha hecho daño en su aceptación ante el electorado que llega a visitar en el distrito sexto federal por Tabasco, lo obligó a salir a decir su verdad, para no seguir teniendo una imagen negativa. No obstante, el salir a hablar su verdad, no le daría para que la gente le crea porque no goza de una trayectoria, ni de un trabajo cercano como su padre entre las comunidades que desea ganar en 2027.
Andy López Beltrán enfrenta un dilema que su padre nunca tuvo: desmentir una trayectoria con solo emitir un comunicado. La gente que creyó en AMLO lo hizo porque lo vio luchar. A Andy no lo han visto luchar por nada que no sea su propia posición. Y mientras el huachicol fiscal, Amílcar Olán y el Tren Maya sigan sin una explicación que no sea “no tengo nada que ver”, su palabra valdrá lo que vale un apellido sin historia: mucho para abrir puertas, nada para cerrar bocas.




