Columna Descomplicado/Jorge Robledo
“Hay hombres que pasan por la historia sin dejar huella y otros que, sin buscar el poder ni la riqueza, se convierten en parte de la historia de su pueblo”.
Mientras algunos políticos necesitan monumentos para ser recordados, hay hombres como Juan Torres Calcáneo que han construido su propio monumento en la memoria y el corazón de los tabasqueños.
Tabasco tiene personajes que merecen algo más que un aplauso ocasional, una fotografía oficial o un diploma entregado durante alguna ceremonia.
Merecen el reconocimiento permanente de una sociedad agradecida por su contribución a nuestra identidad.
Uno de esos hombres es Juan Torres Calcáneo, maestro, coreógrafo, investigador, promotor cultural y, sobre todo, un tabasqueño que ha dedicado buena parte de su existencia a preservar nuestras raíces.
Nacido en Centla, Juan Torres encontró en la danza folklórica una vocación que terminaría convirtiéndose en el trabajo de toda una vida.
En 1977, junto con la maestra Elvira Vargas de Manzanilla, fundó el Ballet Folklórico Infantil de la Ciudad de Villahermosa, que con el paso de los años se transformaría en la Compañía de Danza Folklórica de la Ciudad de Villahermosa.
Han transcurrido casi cinco décadas desde aquella iniciativa. Cientos de niños , niñas y jóvenes han pasado por sus enseñanzas.
Algunos se convirtieron en maestros, otros en bailarines y bailarinas profesionales y muchos más aprendieron que el orgullo de ser tabasqueño también se expresa con el sonido de la marimba, el zapateo y el colorido de nuestros trajes regionales.
Su trabajo ha trascendido las fronteras de Tabasco. La compañía que ayudó a fundar se ha presentado en importantes escenarios nacionales, incluido el Palacio de Bellas Artes, donde llevó nuestras tradiciones ante públicos de otras regiones del país.
Pero su aportación no se limita a los escenarios. Juan Torres Calcáneo también ha dedicado años a investigar nuestras danzas, las costumbres populares, las fiestas patronales y la autenticidad del traje tradicional tabasqueño.
Su libro Traje tradicional tabasqueño constituye una aportación para evitar que las nuevas generaciones pierdan el conocimiento sobre la indumentaria que identifica a nuestro pueblo.
Porque una cosa es bailar por entretenimiento y otra muy distinta dedicar la vida a investigar, enseñar y conservar las expresiones culturales que nos dieron identidad.
El nacimiento que se convirtió en tradición
Hay otra faceta de Juan Torres Calcáneo que merece un reconocimiento especial.
Cada diciembre, su domicilio particular, ubicado en el centro de Villahermosa, se transforma en un extraordinario escenario navideño.
Durante más de medio siglo, la familia Torres Calcáneo ha conservado una tradición que comenzó modestamente con sus padres y que terminó convirtiéndose en uno de los nacimientos más conocidos de la capital tabasqueña.
No se trata de un nacimiento cualquiera.
Son cientos de figuras, escenarios cuidadosamente elaborados, luces, representaciones bíblicas y una dedicación que requiere semanas de trabajo.
En algunas ocasiones, el montaje ha superado las mil piezas y se ha extendido por distintos espacios de su vivienda.
Lo extraordinario es que esta tradición familiar ha sido compartida generosamente con vecinos, amigos y visitantes que acuden durante las fiestas decembrinas.
Su casa se convierte en un pequeño museo navideño, abierto a quienes desean admirar el nacimiento y participar de una costumbre que forma parte de la memoria sentimental de Villahermosa.
Mientras otros gastan enormes cantidades de dinero público en adornos temporales, Juan Torres ha mantenido viva, con recursos y esfuerzos familiares, una tradición que lleva alegría a muchas personas.
Es otra manera de hacer cultura.
Porque la cultura no solamente está en los teatros, las bibliotecas o los museos. También vive en las casas donde se conservan las tradiciones, en las familias que las transmiten y en las personas que se niegan a permitir que desaparezcan.
El reconocimiento que debe llegar en vida
Juan Torres Calcáneo no es un desconocido para las instituciones culturales. Ha recibido distinciones importantes, entre ellas el Juchimán de Plata de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco y la Medalla al Mérito Maestro Marcelo Torreblanca.
La propia UJAT le ha abierto sus espacios y reconocido su trayectoria.
Hace apenas unos días, el maestro volvió a demostrar su generosidad al donar a esa institución una colección de 84 catrinas, reunidas durante años, para que formen parte del patrimonio universitario.
Es decir, no solamente ha entregado su conocimiento y su talento. También ha decidido compartir parte de su patrimonio cultural con las nuevas generaciones.
Y aquí surge una pregunta para el gobierno de Tabasco que encabeza Javier May Rodríguez:
¿Qué está haciendo el gobierno estatal para reconocer, preservar y proyectar el legado de Juan Torres Calcáneo?
No basta con hablar de identidad tabasqueña en los discursos oficiales.
Tampoco es suficiente llenar los escenarios de expresiones folklóricas durante las celebraciones gubernamentales si no se reconoce debidamente a quienes dedicaron su vida a investigarlas, conservarlas y enseñarlas.
Sería deseable que la administración estatal, a través de sus instituciones culturales, promoviera un homenaje de gran alcance a Juan Torres Calcáneo y a la maestra Elvira Vargas de Manzanilla.
Un reconocimiento que no se limite a una placa o una ceremonia protocolaria, sino que permita documentar su obra, preservar sus investigaciones y transmitir sus conocimientos a las futuras generaciones.
Incluso sería oportuno considerar que algún espacio cultural público lleve su nombre, como testimonio permanente de su contribución a Tabasco.
No se trata de pedirle un favor al gobernador. Se trata de reconocer una trayectoria que pertenece a la historia cultural de nuestro estado.
Los gobiernos pasan. Los funcionarios cambian. Los cargos terminan.
Pero las obras que fortalecen la identidad de un pueblo permanecen.
Un homenaje desde Cayuco
Desde este espacio periodístico quiero expresar mi reconocimiento personal a Juan Torres Calcáneo.
Por su disciplina, su perseverancia y su amor a Tabasco. Por las generaciones de bailarines que ayudó a formar.
Por llevar nuestro folklore a escenarios nacionales.
Por sus investigaciones sobre nuestras tradiciones.
Y también por ese gigantesco nacimiento que cada diciembre convierte su hogar en un lugar de encuentro para tantas familias tabasqueñas.
La piragua
Ojalá las autoridades culturales comprendan que reconocer a nuestros grandes personajes mientras viven tiene un valor mucho mayor que organizar homenajes cuando ya no pueden escucharlos.
Juan Torres Calcáneo no necesita un cargo público para tener un lugar en la historia de Tabasco.
Ese lugar se lo ganó trabajando, enseñando y preservando nuestras raíces.
Porque mientras algunos gobernantes serán recordados por sus promesas incumplidas, Juan Torres Calcáneo será recordado por las tradiciones que ayudó a mantener vivas.
Y si el gobierno todavía no le ha rendido el gran homenaje estatal que su trayectoria merece, hay algo que ninguna autoridad puede otorgarle ni quitarle:
el reconocimiento, el respeto y el cariño de su pueblo.
Ese es, finalmente, el homenaje más importante. Y, también, el que perdura cuando los gobiernos se han marchado.
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