Contexto
Con la muerte de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, México pierde a uno de los políticos más importantes de las últimas décadas.
Fue candidato presidencial en tres ocasiones, fundador del PRD y una de las figuras que impulsaron los cambios democráticos que hoy forman parte de la vida política del país.
Pero más allá de los cargos y las elecciones, hay algo que llamó la atención en sus últimos años.
Aunque muchas de las ideas que defendió durante décadas terminaron llegando al gobierno con el arribo de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia, Cárdenas nunca dejó de señalar lo que consideraba errores.
Coincidía en temas como la defensa de la soberanía nacional y la necesidad de apoyar a quienes menos tienen. Sin embargo, también expresó diferencias sobre la forma de gobernar, la polarización política y la importancia de mantener instituciones fuertes y contrapesos democráticos.
Lo hizo sin cambiar de camiseta.
No se fue con la oposición ni se convirtió en adversario de quienes llegaron al poder. Simplemente conservó su derecho a opinar y a criticar cuando pensaba que algo no iba por buen camino.
Tal vez esa sea una de las principales enseñanzas que deja su trayectoria.
En tiempos donde parece obligatorio estar totalmente a favor o totalmente en contra, Cárdenas eligió otro camino. Apoyó lo que consideró correcto y cuestionó lo que consideró equivocado.
Sin gritos. Sin pleitos. Sin renunciar a sus convicciones.
Por eso, además de recordar al político que compitió por la Presidencia y ayudó a abrir espacios democráticos, vale la pena recordar al hombre que defendió hasta el final una idea cada vez más escasa en la vida pública: pensar por cuenta propia. 
Descanse en paz.