Nada Personal
Recientemente, Andrés Manuel López Obrador contó algo que llamó mucho la atención. Dijo que dentro de su propio movimiento hubo quienes le preguntaban: “¿Para qué sacar a tanta gente de la pobreza?”, porque temían que al mejorar su situación económica terminaran convirtiéndose en personas de clase media, con nuevas aspiraciones y hasta con ideas diferentes.
La pregunta parece absurda.
¿Quién podría estar en contra de que una familia tenga una mejor casa, un mejor empleo o una mejor educación para sus hijos?
Se supone que ese es el objetivo de cualquier gobierno: ayudar a que la gente viva mejor.
Nadie debe permanecer pobre para demostrar lealtad a un partido o a un político. La pobreza no es una virtud ni una condición que deba conservarse. Es un problema que debe resolverse.
Pero también hay algo que no puede ignorarse.
Durante años, el propio AMLO criticó lo que llamaba el "aspiracionismo", como si aspirar a progresar fuera algo malo. Sin embargo, cuando una familia sale adelante es normal que quiera más para sus hijos, un mejor negocio, una mejor vivienda o una mejor calidad de vida.
¿No es precisamente eso lo que todos buscamos?
La otra parte de la discusión es todavía más importante.
Los apoyos sociales son necesarios para muchas familias y nadie debería estar en contra de ellos. Pero esos recursos no salen del bolsillo de un presidente ni de un partido. Salen de los impuestos de todos los mexicanos.
Por eso los programas sociales no deben utilizarse para conseguir votos ni para hacer creer a la gente que le debe fidelidad política a un gobierno.
Un apoyo es un derecho, no un favor.
Y si una persona recibe ayuda, mejora su situación económica y después decide votar por otro partido, tiene todo el derecho de hacerlo.
La libertad también consiste en eso.
Al final, el éxito de un gobierno no debería medirse por cuántas personas dependen de sus apoyos, sino por cuántas lograron dejar de necesitarlos.
Recuerde que una sociedad fuerte no se construye con ciudadanos agradecidos y dependientes.
Se construye con ciudadanos libres, capaces de salir adelante por sí mismos y de decidir su futuro sin deberle nada a ningún político.
Ayudar al pueblo es obligación. Condicionar su gratitud es otra cosa.
La libertad comienza cuando el ciudadano puede decidir su futuro sin deberle nada a ningún político.




