Los notables
Hay frases populares que sobreviven porque la realidad se empeña en confirmarlas una y otra vez.
Una de ellas dice que las ratas son las primeras en abandonar el barco cuando presienten que se hunde.
La política mexicana está llena de ejemplos que parecen darle la razón al viejo refrán.
Cada vez que un personaje que ha vivido durante décadas del poder como Ricardo Monreal y que anuncia su retiro, no provoca admiración ni nostalgia. Lo que provoca son sospechas.
Los ciudadanos se preguntan qué está viendo quien decide bajarse justamente cuando el panorama comienza a complicarse.
Resulta difícil no hacerlo.
Cuando alguien pasa cuarenta años recorriendo todos los pasillos imaginables de la política, acumulando influencia, poder, relaciones y privilegios, cuesta trabajo creer que de la noche a la mañana descubrió que ya no tiene ambiciones personales.
Las ambiciones suelen agotarse mucho antes.
Lo que normalmente se agota es otra cosa: la oportunidad.
Por eso el ciudadano común observa un anuncio con una mezcla de incredulidad y experiencia. Porque conoce la historia. Ha visto demasiados políticos llegar prometiendo sacrificios y salir rodeados de comodidades. Ha escuchado demasiados discursos sobre vocación de servicio pronunciados desde posiciones de privilegio.
Y entonces vuelve a surgir la pregunta inevitable.
¿Por qué ahora?
¿Por qué después de décadas?
¿Por qué no hace veinte años?
¿Por qué no cuando todavía había tiempo de abrir paso a nuevas generaciones?
La realidad es que los viejos operadores políticos suelen poseer un instinto muy desarrollado para detectar cambios de rumbo. Son expertos en identificar cuándo soplan vientos favorables y cuándo comienza la tormenta.
Por eso cada renuncia, cada retiro y cada despedida tiene un significado que va mucho más allá de las palabras pronunciadas ante los micrófonos.
Porque mientras el político habla de ciclos cumplidos, la ciudadanía intenta descifrar las señales.
Mientras el político habla de descanso, la ciudadanía observa los movimientos.
Mientras el político asegura que ya no busca nada para sí mismo, la ciudadanía recuerda toda una vida dedicada precisamente a buscar espacios de poder.
Quizá no se esté hundiendo ningún barco.
Quizá todo siga su curso normal.
Pero cuando uno de los marineros con más años de navegación decide acercarse discretamente a la salida, el ciudadano tiene derecho a preguntarse si está presenciando una simple jubilación... o el inicio de una estampida.
Y si la historia nos ha enseñado algo, es que los primeros en irse casi siempre saben algo que los demás descubrirán después.




