La agenda en red
“En memoria del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano”.
Hay una frase recurrente en la política mexicana que resurge con cada crisis: “Las cosas habrían sido distintas”.
Hoy, no pocos analistas y figuras públicas sostienen que si Cuauhtémoc Cárdenas hubiese gobernado al país en lugar de Andrés Manuel López Obrador, México no estaría atrapado en escándalos de corrupción, cárteles políticos ni tensiones diplomáticas con nuestro principal socio comercial.
La realidad es atrozmente sencilla, nunca lo sabremos, es el mismo velo de nostalgia y especulación que envolvió la figura de Luis Donaldo Colosio tras aquel trágico marzo en Lomas Taurinas.
Ni Cárdenas ni Colosio tuvieron la oportunidad de tomar las riendas del Poder Ejecutivo. Sin embargo, lo que sí es innegable es que ambos compartían algo que hoy parece extinto en la retórica del poder: una visión política definida, institucional y seria para llevar a México a un verdadero nivel de desarrollo.
El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas partió cargando a cuestas la amargura del desencanto. Se fue con la convicción de que éste no es el país que las y los mexicanos merecen, y sin lograr descifrar jamás el verdadero significado de la llamada Cuarta Transformación, a la cual no dudó en señalar como un proyecto sin rumbo claro ni meta definida.
Por su parte, Colosio jamás pudo dejar de ver a ese México "con hambre y sed de justicia", una frase que quedó congelada en el tiempo como un diagnóstico eterno de nuestras carencias.
Mientras ellos descansan en paz, la ciudadanía se queda a habitar una realidad que por momentos se siente como una pesadilla interminable.
Es la cotidianidad del colapso en los hospitales públicos; el miedo diario de los transportistas en las carreteras; el dolor lacerante de las madres buscadoras que escarban la tierra sin apoyo institucional; los desfalcos multimillonarios como el de Segalmex; los deslices del Tren Maya o la estampa de una refinería que causa más daño de lo que produce.
Peor aún, es la sombra de gobernadores y funcionarios presuntamente asociados al crimen organizado.
Así, entre promesas sexenales que se reciclan campaña tras campaña, las generaciones se van agotando.
Como ocurrió con Cárdenas y Colosio, uno a uno iremos muriendo los mexicanos sin poder atestiguar el país próspero y justo que tanto nos han prometido desde la tribuna.
Nos queda, si acaso, la amarga certeza de que el México posible sigue atrapado en la memoria de lo que nunca pudo ser.
Nos leemos el lunes




