Nada Personal
La invitación de Morena al PT y al PVEM para construir una alianza rumbo a 2027 no es una declaración de amor político ni un acuerdo cerrado. Es, por ahora, una convocatoria a negociar.
Morena aprobó su política de alianzas y llamó a sus socios a sentarse a la mesa, pero dejó abierta la posibilidad de coaliciones parciales o candidaturas comunes.
Todavía no hay un reparto de candidaturas ni una decisión específica para Tabasco.
Y aquí es donde empieza lo bueno, en Tabasco, los discursos locales han ido por otro carril. El PVEM ha dicho que busca competir con cuadros propios, y su dirigente estatal, Diego de la O Cetina, reiteró que en lo local el partido decidió seguir su propia ruta. El PT también ha hablado de prepararse para ir solo en las elecciones locales.
La invitación nacional de Morena, entonces, llega a un escenario donde sus posibles aliados ya están midiendo fuerzas por separado.
¿Es una señal de debilidad de Morena? No necesariamente. También puede ser una decisión pragmática: sumar votos y estructuras para cuidar posiciones, evitar una competencia dividida y mantener unido el bloque político. Pero la invitación sí revela que Morena considera importante negociar; de lo contrario, no habría necesidad de tender la mano.
La prueba no sería el llamado, sino cuánto está dispuesto a ceder y qué tan dispuestos están PT y Verde a aceptar un acuerdo.
El caso de Evaristo Hernández Cruz vuelve todo más interesante. El exalcalde de Centro ha alentado al Verde a competir sin Morena y ha asegurado que el partido puede ganar la capital. Este fin de semana subió el tono: dijo que Morena le tiene “terror” al PVEM y que el Verde ganará Centro en 2027. Sin embargo, el dirigente estatal del partido descartó que esos dichos signifiquen una ruptura formal y sostuvo que la definición de una posible alianza federal sigue en manos de las dirigencias nacionales.
Así que Evaristo puede ser el gallo fuerte del Verde, pero todavía no es dueño de la candidatura ni de las bases.
Una cosa es encender el entusiasmo de la militancia y otra convertirlo en una estructura electoral capaz de competir municipio por municipio. Si Morena y el Verde terminan aliados, la pregunta será si Evaristo acepta jugar bajo un acuerdo común –y en qué condiciones– o si su apuesta por una candidatura propia pesa más que la negociación nacional.
Por ahora, no hay respuesta; sí hay señales de que quiere que lo tomen en serio.
La situación de los tres alcaldes del PT también queda bajo la lupa. Roberto Ocaña Leyva, de Nacajuca; Sandra Beatriz Hernández Jiménez, de Tenosique, y José Manuel Hernández Pérez, de Jalapa, cuentan con respaldo de su partido para buscar la reelección. Pero el permiso partidista no equivale a una candidatura asegurada: dependerá de sus decisiones, de la evaluación política y, si se concreta una alianza, de cómo se repartan los espacios.
¿Les concederán la reelección? El PT ya les abrió la puerta; la negociación con Morena podría volverla más estrecha o dejarlos competir por su cuenta. Y si Morena busca una alianza amplia, tendrá que resolver una ecuación delicada: cuánto espacio concede a sus aliados sin desdibujar a sus propios aspirantes, especialmente en municipios donde el PT gobierna.
Esto se pone harto interesante, sí. La invitación de Morena puede ser un gesto de fuerza –la voluntad de ordenar a sus aliados– o una señal de cautela ante una elección que no quiere enfrentar dividida. En Tabasco, mientras tanto, Evaristo levanta la voz, el Verde presume músculo y el PT protege a sus alcaldes. La alianza está sobre la mesa; las candidaturas, todavía no.
Pero veamos el otro escenario, si Evaristo rompe con el Verde y decide competir sin partido, su reto no sería solo político: tendría que conseguir una candidatura independiente y construir una campaña propia desde cero. Esa ruta le daría libertad frente a la alianza con Morena, pero también le quitaría el respaldo, los recursos y la estructura partidista que hoy busca reunir alrededor del PVEM.
Primero, una precisión:
“Competir solo” puede significar dos cosas distintas: presentarse como candidato independiente o encabezar una candidatura con otro partido. Si rompe con el Verde, no podría llevarse consigo la candidatura ni la estructura del PVEM; tendría que conseguir otra vía legal y política.
Además, hasta ahora el dirigente estatal Verde ha sostenido que el partido irá por su cuenta en la elección local de Tabasco, aunque la decisión sobre una eventual alianza federal sigue en manos nacionales. Es decir, el escenario de que el Verde cierre filas con Morena en Centro no está confirmado.
Para buscar la presidencia municipal sin partido, Evaristo tendría que registrarse como aspirante, constituir una asociación civil, cumplir los requisitos legales y recabar apoyo ciudadano dentro del plazo fijado por el IEPCT. El calendario aprobado para 2026-2027 fija ese periodo del 30 de enero al 28 de febrero de 2027. No basta con anunciar una candidatura: hay que superar los requisitos para obtener el registro.
La ley establece porcentajes de respaldo distintos según el tamaño del municipio. Centro está en el tramo de más de 300 mil electores, para el que la norma establece un requisito equivalente al tres por ciento del padrón municipal para la planilla independiente. El número exacto debe verificarse con el padrón de corte y los lineamientos oficiales aplicables al proceso 2027.
Eso convierte la recolección de firmas en una primera prueba de fuerza. Si Evaristo logra reunirlas en poco tiempo, demostraría que su capital político va más allá del Verde; si no, su discurso de contar con bases propias quedaría bajo presión.
Como independiente podría presentarse como una figura que no aceptó que una negociación de partidos decidiera por él. También conservaría libertad para criticar a Morena y al Verde sin tener que disciplinar su mensaje a una alianza.
Pero tendría que reemplazar con recursos propios o ciudadanos lo que normalmente aporta un partido: operadores, representantes, acceso político, financiamiento y organización electoral. Tendría además que armar una planilla y cubrir tareas clave de campaña y vigilancia de casillas. No sería literalmente “solo”: necesitaría un equipo amplio, aunque sin la marca ni la maquinaria de un partido.
El principal peligro es que una candidatura independiente divida el voto opositor a Morena. Si el Verde postula a otra persona y Evaristo va por fuera, ambos podrían disputarse electores similares; esa fragmentación podría beneficiar al candidato de Morena, incluso si Evaristo conserva un respaldo personal considerable. Es una posibilidad, no una consecuencia automática: dependería de quiénes compitan y de cómo se distribuya el voto.
Evaristo también podría intentar competir bajo el cobijo de otro partido o de un acuerdo opositor. Su reunión con Juan Manuel Fócil y otros actores del PRD abrió especulaciones, pero el motivo del encuentro no quedó confirmado públicamente; no es evidencia de una candidatura pactada.
Esa opción reduciría algunas dificultades organizativas de la vía independiente, pero lo obligaría a negociar otra vez: ya no con el Verde, sino con la dirigencia que le diera la candidatura. Cambiar de partido no garantiza que obtenga el espacio ni que conserve el mismo respaldo ciudadano.
El dilema de fondo, si el Verde se alía con Morena y no le concede Centro, Evaristo podría intentar convertir su ruptura en una demostración de autonomía. Pero el salto de “soy la carta fuerte” a “puedo competir sin partido” exige organización verificable, apoyos ciudadanos y capacidad para sostener una campaña.
La pregunta decisiva no sería si puede romper, sino si tiene una estructura propia suficiente para que la ruptura no termine ayudando a Morena. Ahí se mediría su fuerza real: primero en las firmas, después en la campaña y, finalmente, en las urnas.
Nos leemos el próximo miércoles.




