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VILLAHERMOSA, Tab., 21 de julio de 2026.- En el Auditorio dos de la Dirección de Orientación Familiar y Asistencia Social (DOFYAS) del DIF Tabasco se llevó a cabo el panel: Tolerancia religiosa entre las distintas expresiones de fe como un principio del derecho humano a la libertad religiosa en México.
El encuentro lo organizó la Dirección de Asuntos Religiosos del Gobierno del Estado, el Consejo Interreligioso de Tabasco y la Fundación Conciencia Nacional por la Libertad Religiosa. En la mesa participaron Cristian Badillo Gutiérrez, director de dicha fundación; José Antonio Morales Notario, expresidente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH); Carlos Alberto Castellanos Morales, asesor jurídico de la Confraternidad Evangélica de México; y el presbítero Saúl de Jesús Solís Vera, quien fue alguna vez párroco de la Catedral de Villahermosa.
Durante la primera parte del diálogo, los ponentes expusieron qué significa la libertad religiosa en la práctica. Cristian Badillo expuso que es un derecho universal sin distinción alguna y citó datos del INEGI que ubican a más del 90 por ciento de la población mexicana con alguna convicción religiosa. Pese a estas cifras, advirtió que hay problemas reales para expresar la fe en escuelas, centros de trabajo y hospitales.
Al respecto, el expresidente de la CEDH, José Antonio Morales Notario, explicó que la libertad de conciencia tiene una dimensión interna que nadie puede limitar, pero su manifestación externa —como asistir a un templo o realizar actos de culto— sí tiene reglas, y es ahí donde suelen surgir los actos de intolerancia.
En su intervención, el presbítero Saúl de Jesús Solís Vera recurrió al pasaje de Mateo 16:24 para señalar que la libertad religiosa nace como un don divino donde el creyente debe dar un testimonio de vida a la sociedad. Por su parte, Carlos Alberto Castellanos Morales señaló las dificultades que enfrentan los cristianos ante situaciones de persecución, lamentando que la prensa casi no le da cobertura a estos casos.
En el segundo bloque, al abordar el problema de las personas desplazadas por cuestiones de fe, los participantes debatieron sobre el sentido real de la tolerancia.
Cristian Badillo pidió cambiar la idea de que tolerar es "aguantar", definiéndolo como el respeto a quien piensa distinto. Señaló que estar reunidos en un mismo espacio demuestra que las diferencias también pueden unir para construir paz.
En ese sentido, Morales Notario respaldó que la intolerancia histórica surge por creer equívocamente que tolerar implica renunciar a las convicciones propias o soportar a los demás a la fuerza, cuando la solución está en el respeto y el amor al prójimo.
Sobre este punto, el padre Saúl de Jesús consideró que durante mucho tiempo la palabra tolerancia se entendió de forma negativa o desde un enfoque relativo, por lo que la iglesia debe promover el reconocimiento a la manera en que cada persona percibe el bien.
Para cerrar, Carlos Alberto Castellanos llamó a centrar el debate en lo que une a los ciudadanos y no en lo que los separa. Recordó que aunque la Suprema Corte ha determinado que la libertad de conciencia no es absoluta, es necesario defenderla en un entorno donde la tolerancia se reduce cada vez más.




