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VILLAHERMOSA, Tab., 31 de octubre de 2026.- El desgaje del terreno sobre los márgenes del río Grijalva no da tregua en el Panteón Ejidal El Cedral, ubicado en el sector Gaviotas Sur. El avance paulatino de los deslaves mantiene en riesgo directo a decenas de bóvedas construidas en la orilla, donde la corriente ha ido desmoronando el talud de tierra y dejando al descubierto los estragos de la erosión.
En la zona del barranco, la escena evidencia el deterioro constante. Entre la maleza que cuelga hacia el agua se observan trozos de concreto, ladrillos sueltos y restos de estructuras de cemento que alguna vez formaron parte de las sepulturas. En uno de los puntos más críticos, un nicho revestido con azulejo azul permanece inclinado y semi destruido al borde del precipicio, rodeado de tierra abatida, ramas secas y desechos plásticos que la misma corriente deja acumulados en la ribera. Esto, luego de que hace tres años se observó incluso ataúdes a la vista por los huecos que formó el deslave.

Felipe González Pérez, habitante del sector, explicó que la pérdida de terreno ha sido notoria con el paso del tiempo, calculando que cerca de 15 metros de orilla se han derrumbado hacia el afluente. “Este río tenía corriente, ahorita está muerto porque ya lo sellaron”, comentó. A pesar de que el desgaste del borde no se detiene, el vecino señaló que la falta de espacio obliga a seguir habilitando zonas para sepultar: “Aquí había un espacio, pero como ya se están yendo allá, le van dando aquí para que se acomoden como pueden”.
Por su parte, José Guadalupe Sánchez Vázquez, quien acude al cementerio a visitar la tumba de su hermano, recordó que esta problemática se agudizó desde hace unos cuatro años, cuando las crecidas del agua terminaron por arrastrar varios ataúdes al fondo del afluente. “Cuando creció el río se llevó varios ataúdes, no sé si le habían puesto escolleras por ahí, hasta ahorita no he visto, pero sí es necesario reforzarlo”, advirtió.

Sánchez Vázquez coincidió en que el río continúa comiéndose la tierra, calculando que al menos seis metros de margen se han ido al agua en los tramos más vulnerables. “Nos preocupa que vaya a llegar hasta acá, porque el río avanza y come la tierra; con las lluvias fuertes podría ser que el panteón quede a la mitad o con menos bóvedas”, señaló, enfatizando que los rellenos temporales en el cauce no han funcionado y que la reubicación del panteón o un muro de contención firme son las únicas salidas viables.
El temor de los pobladores se sustenta en el antecedente de finales de 2023, cuando familias y autoridades comunitarias expusieron ante medios de comunicación, que tuvieron que exhumar y reubicar a contrarreloj más de 90 tumbas ante el riesgo inminente de desprendimiento. Hoy, con la llegada de la temporada de lluvias, la exigencia hacia las autoridades locales se reaviva para evitar que el río termine por llevarse el descanso de sus seres queridos.





