Contexto
Ante las investigaciones por irregularidades en contrataciones del INE, Claudia Sheinbaum ha trazado una clara línea de defensa y ataque. Al solicitar que las auditorías sobre los contratos de material electoral abarquen las últimas dos décadas y no se limiten a la gestión actual, la mandataria apunta hacia la administración de Lorenzo Córdova, al tiempo que construye una especie de blindaje para la expresidenta del organismo, Guadalupe Taddei.
La narrativa oficial busca desmantelar la postura de la oposición, que atribuye las anomalías recientes a una supuesta captura institucional por parte de Morena.
Para neutralizar esta acusación, Sheinbaum recordó que el inicio de la trayectoria de Taddei en los organismos electorales ocurrió en 2014, cuando el propio Consejo General presidido por Córdova aprobó su designación en el estado de Sonora. Con esta precisión técnica, el Ejecutivo deslinda a su partido del impulso de la funcionaria y reubica el origen del problema en la época del llamado PRIAN.
Las investigaciones de la Auditoría Superior de la Federación sobre contratos a empresas vinculadas al proveedor José Alfredo Hernández Casillas revelan esto: adjudicaciones millonarias que iniciaron en gobiernos anteriores y continuaron durante el mandato de Córdova.
Al pedir que la fiscalización se extienda hasta finales de los noventa y abarque más de mil 400 millones de pesos en licitaciones de papelería electoral, la doctora lleva el foco de atención hacia los pactos y el coyotaje del pasado.
Mientras la renuncia de tres mandos directivos en el instituto intenta contener la crisis interna, la postura del gobierno deja en claro que el expediente no se cerrará solamente en la gestión reciente.
Para la postura oficial, las cuentas pendientes y la responsabilidad principal recaen en la era de Lorenzo Córdova. Ya sólo falta Felipe Calderón.
: La rúbrica
El triunfo electoral de Lula da Silva el pasado domingo deja a México y Brasil como los dos gigantes de la izquierda en América Latina. La reelección de Lula fue un duro revés para la expansión de la derecha de Donald Trump en el continente. Ante este panorama, la presidenta Claudia Sheinbaum y el mandatario brasileño acordaron profundizar la cooperación bilateral y reunirse pronto. Mientras tanto, Estados Unidos recibió a Flávio Bolsonaro tras huir de Brasil luego de su derrota. Llegó agradeciendo el
respaldo de Donald Trump y se autoproclamó presidente electo denunciando un fraude electoral. Este episodio se erige como un nuevo foco de tensión bilateral entre nuestro país y el gobierno gringo, ya que la relación entre el bloque progresista latinoamericano y Washington entra en una nueva fase de confrontación.