El Listón Amarillo
Nadie debería morir dos veces. La primera cuando te quitan la vida. La segunda cuando nadie reclama tu cuerpo. En Tabasco, 178 familias dejaron de sufrir esa segunda muerte en los últimos dos años.
Es el balance que presentó este jueves la Fiscalía General del Estado de Tabasco (FGET). Mediante el Protocolo de Notificación, Identificación y Entrega Digna, en 2025 fueron restituidos 84 cuerpos y en los primeros diez meses de 2026 otros 94.
Son 178 historias que dejaron de estar en calidad de desconocidos.
El dato que sigue doliendo es lo que falta. De acuerdo con el director General de Servicios Periciales y Ciencias Forenses, Jesús Solís Justo, actualmente permanecen 500 cuerpos y restos humanos bajo resguardo del Servicio Médico Forense: 300 en cámaras frigoríficas y 200 en la osteoteca.
Y lo que explicó en la conferencia de prensa junto al director del Semefo, José Fernando Aguilar Herrera, y la encargada de Identificación Humana, Elena Calderón Cuéllar, rompe el estigma.
No son, en su mayoría, muertos del crimen organizado. Son los invisibles de siempre: adultos mayores en abandono familiar o social, personas en situación de calle y extranjeros que no pudieron ser identificados en su momento. Por eso cuesta encontrar a sus familias.
Por eso también el trabajo vale doble. Desde 2025 la Fiscalía creó la Dirección de Identificación Humana y dejó atrás el reconocimiento a simple vista. Hoy cada cuerpo no identificado cuenta con un expediente individual que integra perfil genético, huellas dactilares, registro odontológico y análisis antropológico, para que su identidad pueda ser establecida incluso años después de una inhumación.
Es la ciencia al servicio de la dignidad de las personas que se han ido solas, sin la asistencia de su familia.
Como parte de esa misma ruta, se han repatriado ocho cuerpos a Cuba, El Salvador, Guatemala y Honduras, y se trabaja en el regreso a su país de otros 21. El trámite es gratuito y se hace de la mano de la Comisión Estatal de Búsqueda, la Comisión de Atención a Víctimas, la Comisión Estatal de Derechos Humanos y el DIF Tabasco.
Como dijo el propio Solís Justo: la institución tiene la obligación de resguardarlos dignamente, porque quizá hoy nadie los reclame, pero la siguiente generación –un hijo, un nieto– sí quiera llevarlos a casa.
El Semefo ha dejado de ser una bodega. Con controles de registro, trazabilidad, infraestructura y la creación de la osteoteca forense, hoy es un espacio científico. Pero sobre todo, es un espacio humano.
Devolver un cuerpo no es cerrar un expediente, sino permitir que una familia, por fin, pueda enterrar a los suyos.
Y eso, en Tabasco, también es hacer justicia.
Bien por la gente que hace su trabajo desde el edificio de la avenida Usumacinta.




