El Listón Amarillo
Si la oposición se une, presenta candidaturas de unidad y deja los egoísmos en la puerta, puede complicarle la vida a Morena en Tabasco. Pero si cada partido sale con su propio abanderado, su propia encuesta y su propia sed de candidatura, Morena podría arrasar incluso a una oposición sumada.
La diferencia no estará en los discursos: estará en la capacidad de convertir el hartazgo en votos.
El punto de partida es humillante para quienes se dicen alternativa. Una encuesta de Enkoll para El Universal colocó a Morena con 43 por ciento de identificación partidista, frente a 12 por ciento de Movimiento Ciudadano, cinco del PRI, tres del PVEM, dos del PAN, dos del PT y uno del PRD.
Más que una contienda, eso parece una fila de partidos esperando permiso para existir.
El milagrito no lo hará una alianza por decreto, ni una foto de unidad tomada una semana antes de la elección, ni un viejo político reciclado con discurso nuevo. Lo hará una candidatura creíble, con propuesta clara, presencia territorial y capacidad de hablarle al tabasqueño cansado, no solo al militante de partido. Sin eso, la unidad será un eslogan y la derrota, una matemática.
Morena busca el carro completo en 2027 y trabaja su organización territorial, pero su propia dirigencia ha reconocido que la falta de unidad interna en algunos municipios fue una debilidad en procesos anteriores. Si esas grietas se convierten en candidaturas disidentes, renuncias o sabotajes silenciosos, el escenario puede cambiar.
El hartazgo será el combustible, pero no basta solo. La gente está cansada de promesas que no se cumplen, de obras que se anuncian y no terminan, de informes que presumen cifras mientras el bolsillo sigue apretado, el empleo formal escasea y la inseguridad no da tregua. Ese enojo puede volverse voto castigo, pero necesita un recipiente político que lo canalice.
Las mentiras, las traiciones y el robo también pesarán, aunque no de manera automática. El electorado ya no premia solo la denuncia: quiere saber quién la encarna, qué propone y por qué no repetirá los vicios que critica. Si la oposición solo ofrece antiMorena, sin proyecto ni credibilidad, el hartazgo puede quedarse en casa o, peor, terminar beneficiando al partido al que se pretende golpear.
Usted perdonará mi insistencia pero hay una lección reciente si PAN, PRI, PRD, PVEM y MC tomaron nota de la lección que les dio la derrota de Donald Trump: ojalá hayan entendido que no se gana con aparato, con cuotas ni con candidatos impuestos desde arriba; se gana leyendo el enojo real de la gente y ofreciéndole una alternativa que suene creíble.
En Tabasco, eso significa menos cúpulas y más calle, menos reparto de candidaturas y más escucha.
Por ahora, las señales no son alentadoras. Juntos por Tabasco ha llamado al PAN, MC, PT y PVEM a construir una alianza para 2027, pero el PVEM ya anunció que competirá solo en las elecciones locales, aunque sin romper del todo con Morena. Mientras unos hablan de unidad, otros negocian su propio espacio; esa es la vieja receta que suele terminar favoreciendo al partido en el poder.
Lo mejor –o lo peor– de esta precampaña son las madrizas internas: el robo de jugadores de un lado a otro, las candidaturas tucán, las amenazas de quemar Chocolandia si el piso no está parejo y los grupos que ya pelean por Centro y las 16 alcaldías. El PVEM, por ejemplo, tiene en la antesala a un personaje que ha pasado del PRI a Morena y ahora al Verde; esa movilidad dice más de las candidaturas por conveniencia que de una renovación real.
Morena también tiene sus propias tensiones, aunque su dirigencia insista en que no hay ruptura ni desbandada. La diferencia es que, por ahora, Morena puede permitirse grietas internas; la oposición, no.
Si los partidos de oposición siguen regalándose cuadros, amenazándose entre sí y protegiendo candidaturas personales, el 2027 no será una elección de alternativa: será una repetición con otros rostros.
Y se verán cosas peores porque el 6 de junio de 2027 está cerquititita y avanza a paso firme: Tabasco renovará 120 cargos, incluidos 17 municipios y el Congreso local. No habrá gubernatura en la boleta, pero sí habrá una prueba de fuego para saber si la oposición aprendió, si Morena conserva su maquinaria y si la ciudadanía decide premiar resultados o castigar promesas incumplidas.
Se verán cosas peores, diría el refrán. Habrá encuestas contradictorias, alianzas que nacen y mueren en una semana, candidatos que cambian de camiseta y amenazas de quemar Chocolandia si alguien siente que le robaron la candidatura. Pero al final, la única pregunta que importará es sencilla: ¿logró la oposición convertirse en una alternativa real, o llegó dividida, tarde y sin credibilidad a una elección que Morena ya tenía adelantada?




