El Listón Amarillo
Las recientes elecciones en Estados Unidos dejaron numerosas lecturas políticas. Hubo quienes celebraron el resultado y quienes expresaron preocupación por el rumbo que podría tomar ese país. Sin embargo, más allá de nombres, partidos y preferencias ideológicas, una reflexión expresada por Roberto Madrazo Pintado merece atención porque toca uno de los principios fundamentales de cualquier sistema democrático.
"La democracia no consiste en que un gobierno gane elecciones, sino en garantizar que los ciudadanos siempre puedan quitarle el poder."
La frase parece sencilla, pero encierra una verdad que con frecuencia se olvida. Las democracias no fueron diseñadas para asegurar la permanencia de los gobernantes, sino para garantizar que los ciudadanos conserven siempre la capacidad de decidir quién los representa y quién deja de hacerlo.
El poder no pertenece a los gobiernos. Tampoco a los partidos políticos. Mucho menos a las personas que hoy ocupan cargos públicos.
El poder pertenece a los ciudadanos, quienes lo delegan temporalmente mediante el voto y tienen el derecho de retirarlo cuando consideran que un proyecto ya no responde a sus expectativas.
La alternancia democrática sólo puede existir cuando hay instituciones sólidas capaces de garantizar elecciones libres, equitativas y confiables. Sin árbitros independientes, sin contrapesos efectivos y sin confianza ciudadana en las reglas del juego, en este caso la democracia mexicana ha comenzado a perder terreno. Las consecuencias pronto las veremos.




