Contexto
La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Tabasco deja una reflexión inevitable. Mientras desde el poder se destaca el éxito de los programas gubernamentales y se presume satisfacción por los resultados alcanzados, una parte importante de la población sigue enfrentando problemas que no admiten discursos ni celebraciones anticipadas.
Tabasco no es un estado cualquiera para el actual proyecto político nacional. Aquí nació el movimiento que hoy gobierna al país y aquí se construyeron muchas de las bases electorales que llevaron a Morena a la Presidencia de la República. Por ello mismo, las expectativas ciudadanas son mayores y la exigencia social resulta completamente legítima.
Los tabasqueños escuchan los mensajes oficiales, pero viven otra realidad cuando salen a las calles con la preocupación por el incremento de la inseguridad, cuando comerciantes y empresarios denuncian el crecimiento de las extorsiones, o cuando miles de ciudadanos encuentran dificultades para acceder a servicios médicos oportunos y de calidad. Son problemas que afectan directamente la tranquilidad de las familias y que difícilmente pueden ocultarse detrás de estadísticas o discursos optimistas.
Nadie cuestiona el derecho de un gobierno a presentar resultados o defender sus logros. Lo que resulta discutible es la distancia que a veces existe entre la narrativa gubernamental y la percepción ciudadana. La política suele medir avances con cifras; la sociedad los mide con experiencias.
Para una madre de familia, el éxito gubernamental no está en un informe, sino en encontrar atención médica cuando un hijo se enferma. Para un comerciante, la mejor evaluación de un gobierno es poder trabajar sin miedo a ser víctima de amenazas o cobros ilegales.
Para cualquier ciudadano, la transformación más importante es aquella que le permite vivir seguro y con oportunidades.
Un informe puede hablar de inversiones, programas sociales y grandes proyectos estratégicos. Sin embargo, para el ciudadano común el verdadero informe se encuentra en la colonia donde vive, en el hospital al que acude, en el negocio que sostiene a su familia y en las condiciones de seguridad que encuentra todos los días.
Por eso cada visita presidencial representa una oportunidad para escuchar, pero también para atender. La cercanía con la gente no debe limitarse a los actos públicos ni a los mensajes protocolarios.
El desafío consiste en traducir las promesas y los anuncios en soluciones concretas para problemas igualmente concretos.
Tabasco ha sido generoso con quienes han solicitado su confianza política. Hoy la ciudadanía espera que esa confianza tenga una respuesta proporcional. La inseguridad, la extorsión, las carencias en materia de salud y otros problemas que afectan la vida cotidiana exigen respuestas eficaces y resultados visibles.




