Y hablando de salud...
El derecho de las audiencias no es un lujo ni un capricho. Es una garantía constitucional que protege a todas las personas frente a la desinformación. La ley establece que cualquier ciudadano puede solicitar réplica cuando se difunde información falsa o inexacta. Y si se comprueba la mentira, el responsable puede ser sancionado administrativa e incluso económicamente.
Este derecho es para todos, sin excepción: partidos, periodistas, ciudadanos, medios de comunicación y, por supuesto, espacios oficiales. Por eso, la mañanera presidencial debería estar sujeta a las mismas reglas. No puede ser un espacio blindado donde se repitan afirmaciones sin responsabilidad.
¿Qué implica para la ciudadanía?
• Responsabilidad legal: Si un medio o funcionario difunde información falsa, debe responder ante la ley.
• Pluralidad informativa: El derecho de réplica garantiza que la ciudadanía escuche más de una versión, no solo la oficial.
• Protección contra propaganda: Evita que la palabra pública se convierta en un instrumento de manipulación.
El problema de los voceros en redes
Las mentiras no terminan en el atril presidencial. Se reproducen y exageran en redes sociales por voceros oficiales y simpatizantes. Esa maquinaria amplificada confunde y manipula a la ciudadanía, creando un eco que distorsiona la realidad.
Conclusión
Si la mañanera se autoproclama “del pueblo”, entonces debe abrirse al derecho de réplica inmediato. De lo contrario, seguirá siendo un monólogo disfrazado de diálogo, con el agravante de que sus mentiras se multiplican en redes sociales.
El derecho de las audiencias es universal. No distingue colores ni cargos. Es la herramienta mínima para que la ciudadanía pueda defenderse de la desinformación y exigir responsabilidad. La mañanera, como espacio oficial, debe estar sujeta a esa misma obligación.




