Columna Descomplicado/Jorge Robledo
En la actualidad, muchos páginas, portales y canales creados por periodistas y comunicadores "independientes y alternativos”, se regodean por el gran número de vistas, reacciones y seguidores que dicen tener.
Algunos de ellos, apoyados en los algoritmos de las plataformas más conocidas, consiguen su éxito a partir de la difusión de contenido y supuestas noticias con titulares que rayan en el amarillismo o el sensacionalismo.
Sus noticias y opiniones se basan en información sin sustento, en falsedades o mentiras, supuestos trascendidos y en amplificar campañas de desprestigio dictadas desde el mismísimo palacio nacional.
Otra parte del contenido que se encuentra en sus videos, en sus posteos en redes sociales y las notas de sus portales es propaganda afín a Morena, a la 4T y en contra de cualquier grupo, partido o figura de oposición que previamente el gobierno y su partido etiquete por ser incómodo o que no esté alineado.
Miles los siguen, los ven, opinan en sus publicaciones y comparten sus “noticias” y opiniones. Están con ellos porque están con la 4T y con Morena. Pero claramente son publicaciones pro gobiernistas. Claro está que nos encontramos ante una práctica que ha sido común en el sistema político mexicano.
Durante el largo trayecto del PRI como partido hegemónico, sobre todo a partir de que se permitió legalmente la participación de partidos de oposición, el poder siempre buscó tener medios a su servicio, a los cuales pagaba para que la información que se publicara fuera predominante la del gobierno y los políticos del régimen.
Sin embargo, a la par hubo medios críticos, que daban la batalla por ejercer un periodismo plural e independiente. Pues de la misma manera, hoy al igual que existen plataformas y comunicadores proclives a la 4T y a Morena, hay medios de comunicación, páginas, canales y portales, cuyo contenido es distinto, que es crítico hacia el gobierno y cuya función no es ser comparsa ni aplaudidor, que creen en otros valores, que se ocupan de hacer un periodismo auténtico, plural y abierto a la sociedad, a sus denuncias y a sus quejas, que basan su trabajo no solo en el género de opinión, sino en el reporteo de la noticia en la calle, mediante reportajes e investigaciones de fondo.
Al final la gente es quien decide qué consumir, qué medio ver, leer o escuchar, dónde enterarse de las noticias o dónde entretenerse. Eso es parte de una democracia efectiva, aquella donde los ciudadanos tienen libertad de pensar, de asociarse o de expresarse.
El problema surge y se convierte en foco de alarma cuando desde el poder se quiere dictar qué ver y qué consumir y se imponen reformas, leyes y lineamientos que van en ese sentido. Y además se busca poner como molde del periodismo que se pretenda se ejerza en el país, al que desarrollan aquellas páginas, canales, portales e incluso comunicadores y youtubers que son declarados militantes de Morena o que se han manifestado identificados, promotores, defensores y combatientes de la 4T.
El ciudadano mexicano, identificado por décadas con las demandas por la libertad y la democracia, no debe ser visto como menor de edad, sino como un adulto con pensamiento crítico, que quiere intervenir en los asuntos públicos, vigilar el desempeño del gobierno y recibir información de todas las fuentes posibles.
Estoy porque cada ciudadano, en libertad, elija qué ver, qué escuchar y qué leer. El gobierno no puede ser el gran censor, el que vigile y castigue. Y como dijera muchas veces Andrés Manuel López Obrador, el fundador de Morena, partido hoy en el poder, parafraseando al liberal mexicano Sebastián Lerdo de Tejada: que la prensa se regule con la prensa.
Como periodista de más de 30 años de ejercicio digo no a la censura sea como sea y venga de donde venga.