Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Del refranero popular, existe una vieja frase que dice de las de acá: “De buenas intenciones están llenos los panteones”.
El punto es claro. Por muy bueno que sea el fin que se busca, no basta con desear que se haga realidad, por muy fuerte que pudiera ser tal pretensión o por atractivas que parezcan sus presuntas bondades,
Viene al caso lo anterior, al observar el discurso recurrente de las autoridades, que al hablar particularmente de los recientes casos en que fueron victimados los comunicadores Alejandro Leyva Aguilar, en San Pablo Etla, Oaxaca y Roxana Berenice Guzmán Rodríguez, esta última fundadora y editora de Pulso Informativo del Sureste (secuestrada de su domicilio en Nanchital, y hallada muerta en Moloacán, estado de Veracruz) como ha venido sucediendo en los últimos tiempos terminan afirmando esa frase lapidaria: “no habrá impunidad”.
Al respecto, en un Altar Mayor anterior –esta semana– comentábamos el recuento obtenido de Articulo 19, organización no gubernamental que defiende el derecho a la libertad de expresión, al señalar como un hecho alarmante el constante crimen que de unos años para acá se ha venido cometiendo en contra de quienes se dedican al pleno ejercicio periodístico en nuestro país.
El dato no es asunto menor, imagínese usted, 181 casos de periodistas asesinados, desde el año 2000 a la fecha, durante los gobiernos de Vicente Fox Quesada (PAN), Felipe Calderón Hinojosa (PAN), Enrique Peña Nieto (PRI), Andrés Manuel López Obrador (Morena) e incluyendo los casi 2 años del sexenio actual.
Aunque déjeme decirle, lector querido que fue el período calderonista el más letal, con 48 periodistas muertos, pero el caso es que ha quedado demostrado que el periodismo se ha convertido en una actividad de alto riesgo en México.
Alto riesgo, que contrasta con lo que se dice en el discurso oficial, que la libertad de expresión está garantizada en la Constitución, expresión que ya parece una utopía porque a como están las cosas, esa garantía no se ve que alcance para que quienes se dedican a la labor periodística puedan hacerlo con entera seguridad.
Ello, porque, aunque las autoridades encargadas de la investigación de los delitos nos dicen que están enfocadas en que se esclarezcan los hechos, la realidad es que los asesinatos de comunicadores siguen ocupando espacios en los diarios y noticiarios de televisión.
Así las cosas, es hora de que el gobierno federal, así como de las entidades federativas y municipales, instruyan a los responsables de las áreas de procuración de justicia y cuerpos de seguridad, revisen los protocolos implementados, y en caso de ser necesario, se hagan los ajustes correspondientes, demostrando con hechos no con palabras, que hay capacidad y decisión, que no se trata más de lo mismo, para combatir con eficacia el lastre de la impunidad que tanto ha dañado el ejercicio de ese noble oficio, el periodismo, en nuestro país.
El periodismo en México está ávido de garantías por parte de las autoridades, que permitan hacer realidad la libre expresión de las ideas pero sobre todo fortalecer la vida plural y democrática en nuestro entorno nacional.
“Estamos muy bien… por los 400, trabajando todos los días y atendiendo a la gente", declaró el gobernador Javier May Rodríguez, descartando los rumores en torno a su estado de salud que sus malquerientes han propalado en los últimos días. Así que, señores, déjense de elucubraciones mentales y de difundir especies inciertas pues como reza el vulgo popular: "los muertos que vos matáis… gozan de cabal salud…". ***Por cierto el mandatario tabasqueño de muy buen humor sigue haciendo recorridos en territorio estatal supervisando obras y poniendo en marcha acciones de gobierno; ayer por ejemplo estuvo en el municipio de Nacajuca, municipio gobernado por el alcalde petista Roberto Ocaña Leyva. ([email protected])