Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Al pueblo pan y circo dice un viejo y conocido refrán popular mexicano.
Y vaya espectáculo que dieron los diputados federales Carlos Eduardo Gutiérrez Manzanilla (PRI) y Arturo Ávila Anaya (Morena), en el patio del Senado de la República, el pasado 12 de agosto, cuando se enfrascaron en un enfrentamiento verbal acompañado de jaloneos, manoteos y empujones.
La gresca se suscitó en el momento en que el diputado morenista se encontraba dando declaraciones a los medios de comunicación, instante en el que fue encarado por su homologo del tricolor, quien tras un forzado saludo le reclamó a Ávila Anaya tildándolo de “proveedor de armas de los narcos”, señalándolo como “vocero del narco” e incluso calificándolo como el “cero votos”, todo ello acompañado de groserías y descalificaciones personales.
Ante el reclamo, Arturo Ávila trató de quitárselo de encima con varios “no me toques cabrón”, calificando a Gutiérrez Manzanilla como “porro de Alito (Moreno) y al PRI como “partido de corruptos”, abriéndose paso entre los periodistas presentes para alejarse del lugar del conflicto.
Lo ocurrido es fiel reflejo de lo tenso que se ha puesto el ambiente entre priistas y morenistas, que para el caso es lo mismo, ya que no hay que olvidar que un segmento importante del tricolor cambió de camiseta para subirse al barco de la 4T, pasando a ser ahora flamantes morenistas.
Como era de esperarse, el hecho motivó que la diputada Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, hablara con los rijosos para conminarlos a conducirse con civilidad y diálogo constructivo, destacando ésta en sus redes sociales, que ambos habían sido respetuosos de su llamado y de la importancia de que “estos episodios no le ayudan a México”.
Ciertamente a México no le ayudan en nada ese clase de espectáculos que en realidad, por la manera como se dieron los hechos, podríamos decir que fue pura payasada, como parte del show político al que ya es costumbre en el recinto parlamentario.
Algo parecido a otros episodios como cuando en tribuna se han dicho de todo, ocupando más tiempo en estar intercambiando calificativos, en lugar de estar revisando y analizando las iniciativas y reformas de leyes que pasan por sus manos, mismas que muchas veces tienen luego que hacerles enmiendas o correcciones, verbigracia –por sólo citar un caso– la tan cacareada reforma judicial a la que ya se le tuvo que hacer una reforma a la reforma para que la elección de jueces y magistrados federales sea más cuidadosa y esmerada y no se tenga que recurrir a los famosos acordeones.
Hay quienes hacen votos para que, ojalá los priistas y morenistas, en vez de andar de pendencieros como borrachos de cantina, se pongan a trabajar con civilidad y diálogo por el bien de los mexicanos y nuestra nación.
Como que ya es hora de que se pongan a trabajar y entiendan que la ciudadanía mexicana espera del Legislativo un trabajo formal, un debate de nivel y, sobre todo, un mayor compromiso de nuestros representantes populares para construir acuerdos que, efectivamente, contribuyan al bienestar del país en general.
Los dimes y diretes y las actitudes porriles dela más baja estofa no benefician en nada al pueblo mexicano. ([email protected])




