Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Lo que se ve no se juzga, esto sucede actualmente con el caso Rocha Moya y la Presidenta de la República, en donde se puede apreciar a todas luces un rompimiento con el exgobernador de Sinaloa a quien hace un año le dio el beneficio de la duda pero que con su regreso dejó entrever lo que para muchos es un secreto a voces, que existe una ruptura entre palacio nacional y Palenque, lo que prácticamente llevó a la presidenta a dar el manotazo de que la que gobierna en México es la presidenta con A.
Le pongo en contexto amable lector que el pasado fin de semana fue muy turbulento con el regreso de Rubén Rocha Moya, al gobierno del estado de Sinaloa, evento que tomó por sorpresa a muchos pero principalmente a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, lo que provocó una serie de deslindes del partido Morena a nivel nacional, los comités estatales y hasta los gobernadores que firmaron una carta, que estaba basada en argumentos vertidos por Sheibaum Pardo, en el sentido de que no estaba de acuerdo con el regreso del gobernador con licencia de Sinaloa.
Esta situación, de un regreso no consensuado con la primera mandataria del país por parte de Rocha Moya, estaría hablando primero de una envalentonada de alguien que se sintió con el poder suficiente que le daba tener la simpatía del ex presidente Andrés Manuel López Obrador y segundo de obtener como fuera la inmunidad que le proporciona su cargo público. Todo lo anterior no pudo venir solo de un Rocha Moya , sino de una recomendación desde la chingada en Palenque para que realizara estas acciones con la confianza de que no habría problema.
Sin embargo, el dejar pasar esta decisión se convertiría en una bomba que seguiría alentando las hipótesis de los opositores de que hay impunidad porque se estaba dejando regresar a un gobernador muy cuestionado, cosa que la propia presidenta y su equipo cercano sabían por eso sus primeras declaraciones en donde pedía entre líneas que Rocha recapacitará y dejara su encargo, pero al no hacerle caso quizás por sentirse protegido desde Chiapas, la presidente tuvo que hacer valer lo que muchos ya preveían de que en su momento Claudia Sheinbaum, dejaría de sentirse la alumna, para asumir su papel como gobernante.
Y es que pese a que en el pasado los discursos hacia Rubén Rocha de parte de AMLO y la presidenta eran idénticos en el sentido de que lo consideraban un buen gobernador, cambio de parte de la mandataria federal quien aseveró que en estos días no ha tenido comunicación con el gobernador con licencia. “Me enteré por la publicación del propio gobernador, no tuve ningún conocimiento previo de que él quería regresar a ejercer sus funciones en el estado de Sinaloa. La verdad no me parecía pertinente, por decir lo menos, y la Secretaría de Gobernación emitió un comunicado diciendo que esta era una decisión personal del gobernador, que no había tenido qué ver el gobierno de México”.
Este discurso dejaría entrever una posible ruptura con AMLO, principalmente porque este desconocimiento público ya es un fuerte indicio de fractura, al mostrar que el gobernador actuó al margen de su autoridad. Un gobernador que siempre tuvo el trato de “hermano” de parte de López Obrador.
Si bien no hay una declaración de guerra abierta entre AMLO y Sheinbaum, los hechos demuestran un rompimiento en la dinámica de poder. El regreso de Rocha Moya fue un intento fallido del viejo núcleo obradorista por reafirmar su influencia, que culminó con el fortalecimiento de la presidenta y el aislamiento de un operador clave del expresidente. Este episodio evidencia que Sheinbaum no es una continuista subordinada, sino una líder que ha comenzado a ejercer su poder de manera independiente, lo que reconfigura la relación con su mentor político.
Es este mismo espacio le dije hace unos meses que a medida que se acercaran las elecciones la presidenta iba a ir fortaleciendo su corriente científica para dejar de lado la corriente obradorista que en su momento le puso trabas ya sea a través de sus diputados y senadores que no le respondían a la presidenta sino más bien parecían ir por la vía que se les dictará desde Palenque. Aquí mismo le señale que la presidenta tiene su propia personalidad y firmeza como lo demostró cuando no siguió las mismas acciones que AMLO, como seguir con el abrazo y no balazos, por mencionar un ejemplo.
Lo sucedido el pasado fin de semana reveló que había una especie de guerra fría entre AMLO y la doctora Sheinbaum, lo cual nunca se aceptará para no afectar su llamado movimiento de la Transformación pero que en lo profundo ya está a librándose desde la salida de Andy de Morena nacional, la salida de Adán Augusto como líder del senado, el espaldarazo de Monreal a las acciones de la mandataria federal, la participación de Harfouch a la cumbre de seguridad internacional en Argentina, cambiar los abrazos y no balazos, son algunos indicios que dan la impresión que lo que bien se ve, no se juzga.