Columna Descomplicado/Jorge Robledo
El Segundo Informe de gobierno de la presidente de México, Claudia Sheinbaum Pardo presenta un balance económico con avances significativos, pero también con claros desafíos que impiden calificar los saldos como plenamente positivos. Si bien el gobierno ha logrado mantener la estabilidad macroeconómica, atraer inversión y mejorar el poder adquisitivo del salario mínimo, estos logros contrastan con un crecimiento económico persistentemente bajo, una inversión productiva débil y una estructura del mercado laboral que no termina de mejorar en calidad.
En este informe de gobierno, Claudia Sheinbaum delineó una visión de estabilidad y avance económico para México, enmarcada en un contexto internacional complejo . Su discurso se centró en logros como el récord en Inversión Extranjera Directa (IED), la creación de empleo y la recuperación del salario mínimo, defendiendo que el país "va bien" y que la economía continúa su rumbo favorable. Sin embargo, un análisis detallado de las cifras presentadas y de las perspectivas de analistas y especialistas revela que, detrás de los indicadores positivos, persisten una serie de retos que si no son atendidos, podrían agravarse en los siguientes años.
En ese sentido, le pongo en Contexto que la presidenta presentó un conjunto de cifras que, en su mayoría, confirman la estabilidad macroeconómica del país y justifican su narrativa de éxito. Entre ellos la Inversión Extranjera Directa (IED) y tipo de cambio, en este punto, uno de los datos más destacados fue el récord histórico de IED, que alcanzó los 35 mil millones de dólares en el primer semestre de 2026, un incremento del 12 por ciento respecto al mismo periodo de 2024.
La mandataria federal también subrayó la fortaleza del peso mexicano, que se mantuvo cerca de las 17 unidades por dólar, posicionándose como una de las monedas más apreciadas a nivel mundial. Estos indicadores reflejan la confianza de los inversores internacionales y la estabilidad financiera del país, a pesar de un entorno externo adverso.
En el informe se destacó un máximo histórico en la población ocupada, con cerca de 60 millones de personas con empleo y una tasa de desempleo del 2.7 por ciento, una de las más bajas entre los países de la OCDE. Asimismo, se subrayó la política de incremento al salario mínimo, que acumuló una recuperación del 154.2 por ciento en términos reales desde 2018, situando el salario mínimo general en 9 mil 282 pesos mensuales y el promedio del empleo formal en 20 mil 212 pesos.
No obstante, no todo es miel sobre hojuelas si se analiza a mayor detalle lo presentado por la presidenta, porque hay varios puntos que empañan el panorama y limitan el optimismo a largo plazo. Uno de ellos es el crecimiento económico moderado y débil inversión porque datos de la encuesta de Banco de México muestran que los analistas privados esperan un crecimiento anual de apenas 1.25 por ciento para 2026, muy por debajo del 2.3 por ciento estimado por la Secretaría de Hacienda, e incluso se ha incrementado la percepción de riesgo de una contracción trimestral en la segunda mitad del año.
Otro dato preocupante sería el análisis de la composición de la inversión. En este punto se ha señalado que el 88.5 por ciento de la Inversión Extranjera Directa (IED), corresponde a reinversión de utilidades, mientras que la inversión nueva, crucial para la creación de empleos y la expansión de la planta productiva, cayó un 13.4 por ciento.
Hay que destacar que los talones de Aquiles del segundo informe en materia económica se refieren a la generación de empleos de baja calidad y una alta informalidad porque si bien la tasa de desempleo es baja, este dato no refleja la calidad del empleo. Y es que los datos dados a conocer por el INEGI hace algunos días, arrojan que en materia de ocupación y empleo el 70 por ciento de los trabajadores en México gana hasta dos salarios mínimos, porque lo que ganan con un solo empleo no les ayuda para sobrellevar sus gastos lo que evidencia la falta de trabajos mejor pagados.
Tomando en cuenta lo anterior, el discurso dado por la presidenta en materia de logros económicos basado en cifras récord, se enfrenta a la realidad de un crecimiento que no logra despegar y a la advertencia de los analistas sobre una posible contracción. El verdadero reto para la administración de Sheinbaum no es solo mantener la estabilidad, sino transformar estos indicadores macroeconómicos en un desarrollo estructural que eleve la productividad, fomente la inversión nacional y cree empleos formales y bien remunerados que reduzcan la dependencia del consumo importado y fortalezcan el mercado interno Mientras no se aborden estos temas estructurales, el optimismo del informe quedará sujeto solo a la difusión de verdades a medias.