Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Aunque la declaración del presidente Trump haya sonado a que se termina el Tratado de Libre Comercio México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el anuncio del 1 de julio activa un mecanismo de "revisión" pactado en el mismo Tratado. La decisión de no extenderlo provocará que se inicie un período de revisión de seis años, en lugar de la extensión por 16 años que buscaban México y Canadá . Si no se llega a un acuerdo en esa ventana, el Tratado tiene una "cláusula de extinción" que lo terminaría definitivamente para el 1 de julio de 2036.
Sin embargo, lejos de ser una decisión meramente económica, Donald Trump ha encontrado una ventana para seguramente seguir presionando o chantajeando con más fuerza la política tanto migratoria como de seguridad entre su país y nuestra nación.
Y es que le pongo en contexto que para México, el riesgo principal de la revisión anual del T-MEC, es la incertidumbre y la posible imposición de aranceles, especialmente en los sectores clave para la economía nacional. Las exigencias de Estados Unidos se centrarían en aranceles directos debido a que Trump ha expresado que prefiere imponer aranceles altos a productos mexicanos como autos, acero y aluminio.
Dicho anuncio inicia un largo camino de negociación de alto riesgo para México, donde la incertidumbre arancelaria y las nuevas reglas de origen se perfilan como los mayores desafíos para la economía y la industria manufacturera del país.
Cabe señalar, que este anuncio también se puede ver desde una perspectiva de control político en donde el presidente de Estados Unidos, para lograr una negociación a favor de no poner aranceles a México, seguramente continuará dictando una serie de directrices en materia de combate al narco y control migratorio, que son las dos banderas que más está resaltando en su administración como grandes logros que se han obtenido de México.
Lo que abonaría a los bonos políticos que necesita el presidente Trump para seguir teniendo el control republicano en la Cámara de Senadores que en este noviembre de 2026 tendrá la renovación de 436 escaños, lo que también servirá para asegurar la continuidad de su proyecto político cuando termine la presidencia de Estados Unidos.
Además de que este tipo de peticiones y presiones que seguramente estaría haciendo al gobierno mexicano a través de la índole económica buscaría legitimar sus políticas anti populistas que han costado severos estragos para la economía de sus connacionales estadounidenses, porque Trump tiene la idea que las fábricas vuelvan a producir todo en su país con miras a que haya mayor número de empleos ante el déficit que actualmente existe en la Unión Americana.
Para lograr este cometido, pretende que haya un aumento del contenido "americano" por lo que su administración exige que los autos fabricados en Norteamérica contengan un 50 por ciento de partes hechas en Estados Unidos, lo que elevaría el contenido regional a un 82 por ciento para seguir recibiendo beneficios arancelarios. Esto encarecería y complicaría la producción en México.
Asimismo, está decisión debe verse como un paso más en la estrategia comercial de Trump, que busca replegar la producción a Estados Unidos y frenar el flujo de productos chinos a través de México, que ya estaban teniendo una importante posición en su economía.
Si bien es cierto, el proceso sobre el T-MEC aún está abierto, esto da espacio para la negociación. México, liderado por la presidenta Sheinbaum, ha manifestado su intención de extender el tratado y se espera que continúen las rondas de diálogo, por lo que muchos piensan que este anuncio es una jugada de presión, no un punto final, porque al tener el tema arancelario en sus manos y las revisiones periódicas del tratado Estados Unidos, está formando una especie de estrategia en donde, con el tema económico, pueda continuar incidiendo de forma indirecta en la política migratoria y de seguridad de México. No pretende subordidar, pero sí chantajear con hacer más caro las exportaciones y llevarse inversiones de nuestro país.