Columna Descomplicado/Jorge Robledo
La verdad que ocultó Claudia Sheinbaum bajo tierra.
En la calle Guatemala #24, bajo el corazón del Centro Histórico, yace una verdad que México no ha querido mostrar: el Huey Tzompantli, altar de cráneos mexica descubierto hace más de una década y aún inaccesible al público. Miles de fragmentos óseos y centenares de cráneos completos confirman lo que la arqueología ha documentado: los sacrificios humanos fueron parte de la vida ritual de la gran Tenochtitlan.
Sin embargo, mientras la evidencia permanece enterrada, la narrativa oficial insiste en negarla. El presidente López Obrador, en su libro Grandeza, asegura que los sacrificios son “invenciones coloniales”, que nadie los vio y que forman parte de una “leyenda negra” fabricada por Cortés. Incluso llega a distorsiones científicas, como afirmar que el linaje humano proviene de pequeños monos norteamericanos, contradiciendo el consenso mundial sobre el origen africano del Homo sapiens.
La contradicción es evidente: la arqueología exhibe pruebas materiales, pero el discurso político las oculta para sostener un relato idílico del pasado. Se administra la memoria como herramienta de poder, se maquilla la historia para reforzar la narrativa de la Cuarta Transformación.
La presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso envió un fuerte mensaje a la presidente Claudia Sheinbaum señalándole con dureza: México exige disculpas a España por la conquista, mientras oculta su propio pasado prehispánico.
Más allá de la polémica internacional, lo cierto es que la historia enterrada en Guatemala #24 contradice el discurso oficial y desnuda la manipulación de la memoria.
La adulación y el ocultamiento son dos caras de la misma moneda: el poder que se niega a confrontar la verdad. La ciudadanía merece saber lo que hay bajo tierra, merece que se cuente la historia completa y merece un gobierno que no viva de la mentira.
El Huey Tzompantli no es solo arqueología: es la prueba de que la verdad siempre termina saliendo a la luz. Y cuando se salga, no habrá discurso que pueda ocultar los miles de cráneos que hoy siguen enterrados bajo el Centro Histórico.