Columna Descomplicado/Jorge Robledo
El cierre del restaurante Asador Castellano en Paseo de la Choca no es solo la despedida de un espacio gastronómico. Es la confirmación de que la economía tabasqueña atraviesa un momento crítico. A este caso se suman otros más que han cerrado: La Mezcalita, Dbar y Colosso, todos ellos con las cortinas abajo, todos con historias truncadas de inversión, empleo y convivencia.
Cada negocio que desaparece arrastra consigo decenas de empleos. Jóvenes meseros, cocineros, personal de limpieza y administrativos quedan en la calle, buscando trabajo en un mercado laboral que ya no ofrece oportunidades. La mano de obra está ahí, disponible, pero no hay quien contrate. Esa es la tragedia silenciosa que se vive en las calles de Villahermosa.
Señales de alarma que nos avisaban que algo andaba mal en la economía.
• Consumo debilitado: la ciudadanía ha reducido gastos, y los restaurantes son los primeros en resentirlo.
• Incertidumbre empresarial: abrir un negocio en Tabasco hoy es un riesgo alto, con costos elevados y poca certeza de recuperación.
• Desconfianza institucional: sin políticas claras de apoyo, los emprendedores sienten que están solos frente a la tormenta.
Tabasco 2000, símbolo de modernidad y dinamismo, se está llenando de locales vacíos y letreros de “Se vende" o "se renta”. Es la postal de una economía que se achica, que pierde vitalidad y que deja a la ciudadanía con menos opciones de empleo, de consumo y de vida urbana.
Lo que debe de considerar la ciudadanía: No se puede normalizar que los comercios cierren uno tras otro. Cada cortina abajo es un recordatorio de que la economía local necesita atención urgente. La ciudadanía debe exigir a su gobierno, políticas que incentiven el empleo, apoyen a los pequeños empresarios y fortalezcan el consumo interno. De lo contrario, Villahermosa corre el riesgo de convertirse en una ciudad fantasma con locales vacíos y oportunidades perdidas.