Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Energía solar: la gran oportunidad que México no debe seguir ignorando
México vive bajo un sol generoso, pero seguimos pagando la factura del petróleo como si no tuviéramos alternativa.
Las dependencias públicas —escuelas, hospitales, oficinas— gastan millones en electricidad mientras el recurso más abundante y limpio se desperdicia cada día. Esta dependencia no solo es costosa, también nos ata a un viejo modelo energético que ya no responde a las necesidades de una sociedad que exige una mayor responsabilidad ambiental.
La transición hacia la energía solar no es un sueño futurista, es una realidad que ya se vive en los techos de familias y pequeños negocios. Ciudadanos comunes han decidido invertir en paneles solares, demostrando que la voluntad y la visión pueden más que la inercia.
Si el ciudadano puede dar el paso, ¿qué justificación queda para que las instituciones públicas permanezcan inmóviles? La contradicción es evidente: quienes deberían dar el ejemplo son los últimos en actuar.
Adoptar energía solar en dependencias públicas y espacios como escuelas, no es un lujo tecnológico, es una obligación moral. Significa ahorrar recursos, reducir emisiones y enviar un mensaje claro de compromiso con el futuro.
El sol no cobra factura, pero sí nos pasa la cuenta cuando lo ignoramos: más contaminación, más gasto, más rezago.
México y su gobierno necesitan asumir que la energía solar no es solo una opción: es el único camino para construir una sociedad más justa y sostenible.
El verdadero cambio llegará cuando seamos testigos de que las instituciones públicas comienza la conversión hacia la energía solar y que la CFE se compromete a garantizar y facilitar el acceso ciudadano a esta fuente limpia. Ese día, no solo estaremos cuidando nuestro país, también estaremos protegiendo al planeta. La transición energética no será un discurso vacío sino una acción concreta que marcará el inicio de una nueva responsabilidad compartida.